Hôtel de Sully: el jardín del ministro

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Acabas de atravesar la orangerie y estás en un jardín secreto: parterres geométricos, setos recortados, bancos a la sombra y, al fondo, el cuerpo principal de un palacio de piedra clara.

Key Facts

PlaceHôtel de Sully: el jardín del ministro
Address62 Rue Saint-Antoine, 75004 Paris, France
Geo Coordinates48.85470, 2.36400
Part of WalkEl Marais de París: de la Bastilla a la Plaza de los Vosgos, palacios, reinas y revoluciones
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Acabas de atravesar la orangerie y estás en un jardín secreto: parterres geométricos, setos recortados, bancos a la sombra y, al fondo, el cuerpo principal de un palacio de piedra clara. Sigue hasta el patio de honor y mira las fachadas: están cubiertas de relieves con figuras de las cuatro estaciones y los cuatro elementos.

El palacio se levantó hacia 1625 para un financiero que no llegó a disfrutarlo mucho, y en 1634 lo compró un anciano muy ilustre: Maximilien de Béthune, duque de Sully. Sully había sido el brazo derecho de Enrique IV, su compañero de armas protestante y su ministro de Finanzas, el hombre que ordenó las cuentas de un reino arruinado por las guerras de religión.

Suya es una frase que todos los escolares franceses conocen: la labranza y el pastoreo son las dos ubres de Francia. Mientras el rey soñaba con que cada campesino pudiera poner una gallina en la olla los domingos, Sully cuadraba los números. Pero cuando apuñalaron a Enrique IV en 1610, el ministro cayó en desgracia, y aquí pasó parte de su vejez, ya apartado del poder, rodeado de lujo y de recuerdos.

Este patio guarda además una historia muy poco gloriosa. En 1726, un joven escritor llamado Voltaire cenaba en esta casa, invitado por un descendiente del duque. Lo llamaron a la puerta y allí lo esperaban los lacayos de un noble, el caballero de Rohan, al que había ofendido con su lengua afilada, y le dieron una paliza. Su anfitrión no movió un dedo por él. Voltaire quiso batirse en duelo... y acabó encerrado en la Bastilla y después exiliado en Inglaterra, donde descubrió las ideas que cambiarían Europa.

Hoy el palacio es la sede de la institución que gestiona los monumentos nacionales de Francia, y su jardín es uno de los atajos favoritos de los vecinos. Sal por el patio a la calle Saint-Antoine, crúzala y baja por la calle Saint-Paul: vamos a buscar un muro que tiene más de ochocientos años.

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