Plaza de la Concordia: la guillotina y el obelisco
Why is it significant?
Estás en la plaza más grande de París, un inmenso octógono rodeado de tráfico, con dos fuentes de bronce y, en el centro, una aguja de granito rosado cubierta de jeroglíficos.
Key Facts
| Place | Plaza de la Concordia: la guillotina y el obelisco |
|---|---|
| Address | Place de la Concorde, 75008 Paris, France |
| Geo Coordinates | 48.86550, 2.32110 |
| Part of Walk | París imperial: del Arco del Triunfo a la Place Vendôme por los Campos Elíseos |
| Generated | Generated |
Estás en la plaza más grande de París, un inmenso octógono rodeado de tráfico, con dos fuentes de bronce y, en el centro, una aguja de granito rosado cubierta de jeroglíficos. Gira despacio sobre ti mismo: arriba, el Arco del Triunfo; al otro lado del río, la Asamblea Nacional; al norte, la Madeleine. París entero parece ordenado alrededor de este punto.
La plaza nació para glorificar a un rey. La diseñó a partir de 1755 el arquitecto Ange-Jacques Gabriel, y en el centro se colocó una estatua ecuestre de Luis XV: se llamaba, claro, plaza Luis XV. En las esquinas, ocho estatuas representan grandes ciudades de Francia. Cuando Alemania se anexionó Alsacia en 1871, la estatua de Estrasburgo se cubrió de crespones negros, y así siguió, de luto, hasta 1918.
Luego llegó la Revolución. La estatua del rey se fundió, la plaza pasó a llamarse de la Revolución y aquí se instaló la guillotina. El 21 de enero de 1793 fue ejecutado Luis XVI; en octubre, María Antonieta. Después cayeron Danton y, más tarde, el propio Robespierre, que había enviado a tantos al cadalso. Más de mil personas murieron en esta plaza. En 1795, como queriendo pasar página, la rebautizaron con un nombre esperanzador: Concordia.
El obelisco es unos tres mil años más viejo que todo lo demás. Se alzaba ante el templo de Luxor, en Egipto, y fue un regalo del virrey Mehmet Alí a Francia. Traerlo costó años: un barco construido a propósito, la travesía del Mediterráneo y la subida por el Sena. El 25 de octubre de 1836 se levantó ante una multitud enorme y el rey Luis Felipe, y en su pedestal unos dibujos dorados explican las máquinas que lo izaron. La punta dorada, en cambio, es moderna: se añadió en 1998.
Mira ahora hacia el norte: dos palacios gemelos de columnas cierran la plaza, también obra de Gabriel. El de la derecha guarda una historia de joyas robadas... y hoy puede visitarse. Hacia allí vamos.