Puente de Jena: el puente que Prusia quiso volar

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Camina hasta el centro del puente de Jena y mira hacia sus extremos: en cada esquina, un guerrero a caballo monta guardia sobre un alto pedestal. Un galo, un romano, un griego y un árabe, cuatro jinetes de piedra que parecen vigilar quién entra en el territorio de la torre.

Key Facts

PlacePuente de Jena: el puente que Prusia quiso volar
AddressPont d'Iéna, 75007 Paris, France
Geo Coordinates48.85980, 2.29200
Part of WalkHierro, piedra y gloria: Torre Eiffel, Trocadéro e Inválidos en París
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Camina hasta el centro del puente de Jena y mira hacia sus extremos: en cada esquina, un guerrero a caballo monta guardia sobre un alto pedestal. Un galo, un romano, un griego y un árabe, cuatro jinetes de piedra que parecen vigilar quién entra en el territorio de la torre.

El puente lo mandó construir Napoleón para celebrar su victoria de Jena, en 1806, sobre los prusianos. Y ese nombre, en plena capital, era una pequeña humillación diaria para Prusia. Así que cuando, en 1815, tras Waterloo, los ejércitos aliados ocuparon París, el viejo mariscal prusiano Blücher decidió vengarse: quería volar el puente.

Sus zapadores llegaron a ponerse manos a la obra. Según cuenta la historia, el rey Luis XVIII, recién restaurado en el trono, mandó decir que se haría llevar en persona al centro del puente para saltar por los aires con él. Lo más probable es que fueran los propios aliados, ingleses y rusos, quienes frenaron al prusiano. El puente se salvó, aunque durante unos años perdió su nombre incómodo y pasó a llamarse puente de la Escuela Militar.

Fíjate también en las águilas imperiales esculpidas sobre los pilares: desaparecieron con la caída de Napoleón y volvieron con su sobrino, Napoleón III, en cuya época se colocaron también los cuatro jinetes. En 1937, para la exposición, el puente se ensanchó para absorber a las multitudes. Así, cada régimen de Francia ha ido dejando aquí su huella, como capas de pintura.

Pero la verdadera razón de que estés aquí es otra. Desde el centro del puente ves la torre como la vieron los visitantes de 1889: no como una postal lejana, sino creciendo sobre ti, una maraña de hierro que se abre en cuatro patas gigantescas. Y es que en aquella exposición la torre era también la gran puerta de entrada a la feria: medio mundo pasó por debajo de ella. Cruza el río y ponte justo debajo, en el centro.

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