Jardines del Trocadéro: el Guernica de 1937

Why is it significant?

Asómate a la balaustrada sobre el gran estanque rectangular de los jardines. Si tienes suerte y la fuente está en marcha, verás una batería de cañones de agua disparando sus chorros horizontales hacia la torre, como en un asalto de agua contra el hierro.

Key Facts

PlaceJardines del Trocadéro: el Guernica de 1937
AddressJardins du Trocadéro, Avenue Gustave V de Suède, 75016 Paris, France
Geo Coordinates48.86110, 2.29010
Part of WalkHierro, piedra y gloria: Torre Eiffel, Trocadéro e Inválidos en París
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Asómate a la balaustrada sobre el gran estanque rectangular de los jardines. Si tienes suerte y la fuente está en marcha, verás una batería de cañones de agua disparando sus chorros horizontales hacia la torre, como en un asalto de agua contra el hierro.

Estos jardines y esta fuente se rediseñaron para la Exposición Internacional de 1937, la última gran feria antes de la Segunda Guerra Mundial. Y la imagen que todo el mundo recuerda de aquella exposición se veía justo ahí abajo, junto al puente: frente a frente, el pabellón de la Alemania nazi, una torre de piedra coronada por un águila, y el de la Unión Soviética, rematado por dos gigantes de acero, un obrero y una campesina, alzando la hoz y el martillo. Dos totalitarismos midiéndose cara a cara.

Y no muy lejos, mucho más modesto, se alzaba el pabellón de la República Española, obra de los arquitectos Josep Lluís Sert y Luis Lacasa. España estaba en plena guerra civil, y el pabellón era un grito de auxilio al mundo. Dentro, el visitante se topaba con un lienzo inmenso, en blanco, negro y gris: el Guernica, que Picasso había pintado en pocas semanas tras el bombardeo de la villa vasca por la aviación alemana e italiana, el 26 de abril de 1937.

Cuenta una anécdota, quizá embellecida, que años después, en el París ocupado, un oficial alemán vio una reproducción del cuadro en el taller de Picasso y le preguntó si lo había hecho él. Y que Picasso contestó: no, lo han hecho ustedes. En aquel mismo pabellón colgaba un gran mural de Joan Miró, El segador, hoy perdido, y corría una fuente de Alexander Calder alimentada con mercurio de las minas de Almadén.

El pabellón se desmontó al cerrar la exposición y no queda nada de él. El Guernica viajó por medio mundo y pasó décadas en Nueva York, porque Picasso no quiso que entrara en España mientras no hubiera libertades. Llegó a Madrid en 1981, y hoy cuelga en el Museo Reina Sofía. Pero se presentó por primera vez aquí, a pocos pasos. Sigue bajando hacia el río y sube al puente que lleva a la torre.

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