Museo Rodin: el pensador en el jardín
Why is it significant?
Asómate a la verja del jardín y búscalo entre los rosales: sentado sobre una roca, con la barbilla apoyada en la mano y el cuerpo entero en tensión, El pensador de Rodin. Detrás, una mansión elegantísima de piedra clara: el Hôtel Biron, hoy Museo Rodin.
Key Facts
| Place | Museo Rodin: el pensador en el jardín |
|---|---|
| Address | 77 Rue de Varenne, 75007 Paris, France |
| Geo Coordinates | 48.85470, 2.31590 |
| Part of Walk | Hierro, piedra y gloria: Torre Eiffel, Trocadéro e Inválidos en París |
| Generated | Generated |
Asómate a la verja del jardín y búscalo entre los rosales: sentado sobre una roca, con la barbilla apoyada en la mano y el cuerpo entero en tensión, El pensador de Rodin. Detrás, una mansión elegantísima de piedra clara: el Hôtel Biron, hoy Museo Rodin.
El palacio se construyó entre 1727 y 1732 para Abraham Peyrenc de Moras, hijo de un peluquero de provincias que se hizo inmensamente rico especulando en los años locos del financiero John Law. Más tarde perteneció al mariscal de Biron, que le dio su nombre y llenó el jardín de flores raras. Y durante gran parte del siglo diecinueve fue un colegio de monjas del Sagrado Corazón, para hijas de buena familia.
Cuando las congregaciones religiosas perdieron el derecho a enseñar, a comienzos del siglo veinte, las monjas tuvieron que irse, y el Estado alquiló el palacio por habitaciones mientras decidía qué hacer con él. Fue un momento mágico: aquí vivieron artistas como Matisse, Cocteau o la bailarina Isadora Duncan. El poeta Rainer Maria Rilke, que había sido secretario de Rodin, le habló del lugar, y en 1908 el escultor alquiló sus primeras salas.
Rodin acabó ocupándolo entero y ofreció un trato al Estado: donaría todas sus obras, sus dibujos y sus colecciones a cambio de que el palacio se convirtiera en su museo. El acuerdo se cerró en 1916, en plena guerra. Rodin murió en noviembre de 1917, y el museo abrió sus puertas en 1919. En el jardín te esperan también La puerta del infierno, inspirada en la Divina Comedia de Dante, y Los burgueses de Calais.
Y dentro hay una sala dedicada a Camille Claudel, su alumna, su amante y su rival, cuyas esculturas por fin comparten casa con las de su maestro. Es un final justo para este paseo de hierro y piedra: empezaste ante una torre que muchos creyeron monstruosa y terminas ante un hombre que piensa. Aquí termina nuestro recorrido; quédate un rato en el jardín, entre las rosas y el bronce, y gracias por caminar conmigo por París.