La cúpula de los Inválidos y la tumba de Napoleón
Why is it significant?
Ahora la tienes delante: la cúpula dorada de los Inválidos, brillando incluso en los días grises, a más de cien metros de altura. Pocas siluetas de París son tan teatrales. Y debajo de ella, en una cripta abierta, descansa Napoleón Bonaparte.
Key Facts
| Place | La cúpula de los Inválidos y la tumba de Napoleón |
|---|---|
| Address | Place Vauban, 75007 Paris, France |
| Geo Coordinates | 48.85500, 2.31220 |
| Part of Walk | Hierro, piedra y gloria: Torre Eiffel, Trocadéro e Inválidos en París |
| Generated | Generated |
Ahora la tienes delante: la cúpula dorada de los Inválidos, brillando incluso en los días grises, a más de cien metros de altura. Pocas siluetas de París son tan teatrales. Y debajo de ella, en una cripta abierta, descansa Napoleón Bonaparte.
La iglesia la diseñó Jules Hardouin-Mansart, el arquitecto de Versalles, a finales del siglo diecisiete, como capilla real para Luis XIV. La cúpula se ha vuelto a dorar varias veces, con finísimas láminas de oro, y es una de las obras maestras del barroco francés. Durante más de un siglo, el rey y la corte la tuvieron para sí... hasta que llegó un huésped inesperado.
Napoleón murió en 1821 en su destierro de Santa Elena, en medio del Atlántico. En su testamento pidió que sus cenizas descansaran a orillas del Sena, entre el pueblo francés al que tanto había amado. En 1840, el rey Luis Felipe, que buscaba un poco de gloria prestada, mandó traer sus restos en una fragata. Una multitud inmensa los recibió en París en pleno invierno, y en 1861 el emperador quedó instalado en el gran sarcófago de cuarcita roja que verás en la cripta, rodeado de doce estatuas de victorias.
Según la tradición, el cuerpo está encerrado en seis ataúdes encajados unos dentro de otros, como muñecas rusas. Y no está solo. En la misma iglesia descansa su hermano José Bonaparte, al que Napoleón hizo rey de España en 1808. Los madrileños lo llamaron Pepe Botella, aunque, según cuentan sus biógrafos, apenas bebía. En Santa Elena, el propio Napoleón reconoció, según sus memorialistas, que aquella desgraciada guerra de España había sido la primera causa de su ruina.
También reposan aquí grandes militares franceses, como Turenne o el mariscal Foch, y el corazón de Vauban, el ingeniero de las fortalezas. Pero todas las miradas van al sarcófago, al que se asoman los visitantes desde la balaustrada circular, obligados a inclinar la cabeza... como si se inclinaran ante el emperador. Ahora rodea la cúpula hacia el este y sube por el boulevard de los Inválidos hasta la calle de Varenne: en la esquina, un jardín de rosas esconde a un pensador.