Basílica de Sant'Ambrogio: el obispo, el emperador y Agustín
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Cruza el gran atrio porticado de ladrillo rojo y detente en el centro: frente a ti, la fachada de la basílica con su doble galería de arcos, y a cada lado, un campanario distinto. Pocas iglesias de Europa tienen un patio de entrada tan perfecto, tan silencioso, tan medieval.
Key Facts
| Place | Basílica de Sant'Ambrogio: el obispo, el emperador y Agustín |
|---|---|
| Address | Piazza Sant'Ambrogio 15, 20123 Milano MI, Italy |
| Geo Coordinates | 45.46240, 9.17580 |
| Part of Walk | Milán romana y medieval: de Sant'Ambrogio a San Lorenzo y los Reyes Magos |
| Generated | Generated |
Cruza el gran atrio porticado de ladrillo rojo y detente en el centro: frente a ti, la fachada de la basílica con su doble galería de arcos, y a cada lado, un campanario distinto. Pocas iglesias de Europa tienen un patio de entrada tan perfecto, tan silencioso, tan medieval.
La fundó san Ambrosio en 379, en el cementerio de los mártires, a las afueras de la ciudad romana. Ambrosio no era sacerdote: era gobernador. En 374, mientras intentaba calmar una asamblea que discutía a gritos quién debía ser el nuevo obispo, se dice que un niño gritó Ambrosio obispo, y la multitud lo eligió allí mismo, aunque ni siquiera estaba bautizado. Cuenta otra leyenda que, de bebé, un enjambre de abejas se posó sobre su boca sin picarle: señal de la elocuencia de miel que tendría.
Y vaya si la tuvo. En 390, tras la matanza de Tesalónica, Ambrosio exigió penitencia pública al emperador Teodosio, un hispano nacido, según la tradición, en Cauca, la actual Coca de Segovia. La leyenda lo sitúa ante las puertas de una iglesia de Milán, con el obispo cerrándole el paso al hombre más poderoso del mundo. Y el emperador obedeció.
En la Pascua de 387, Ambrosio bautizó en Milán a un profesor de retórica llegado de África, inquieto y brillante: Agustín de Hipona. Las Confesiones cuentan cómo Agustín se quedaba asombrado viendo a Ambrosio leer en silencio, sin mover los labios, algo rarísimo entonces. Hoy Ambrosio reposa en la cripta, entre los mártires Gervasio y Protasio, y en el presbiterio brilla el altar de oro de Vuolvinio, del siglo IX.
Y los dos campanarios cuentan una pelea de vecinos: el más bajo era el de los monjes; el más alto, del siglo XII, el de los canónigos, que compartían la basílica y discutieron durante siglos por las campanas, las ofrendas y las procesiones. Al salir, busca en la plaza, junto a la basílica, una columna romana con dos agujeros: la leyenda dice que son los cuernos del diablo, que se quedaron clavados tras embestir en vano contra san Ambrosio. Luego camina hacia el norte por las calles tranquilas hasta Corso Magenta, donde te espera un monasterio de monjas con una torre romana en el jardín.