Pusterla di Sant'Ambrogio: la puerta de las murallas medievales

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Delante de ti, una puerta de ladrillo con dos arcos y una torre almenada, encajada entre el tráfico, los tranvías y las bocas del metro. Es la Pusterla di Sant'Ambrogio, y aunque parezca un decorado, es la mejor manera de entrar en la Milán de la Edad Media.

Key Facts

PlacePusterla di Sant'Ambrogio: la puerta de las murallas medievales
AddressVia San Vittore 2, 20123 Milano MI, Italy
Geo Coordinates45.46200, 9.17390
Part of WalkMilán romana y medieval: de Sant'Ambrogio a San Lorenzo y los Reyes Magos
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Delante de ti, una puerta de ladrillo con dos arcos y una torre almenada, encajada entre el tráfico, los tranvías y las bocas del metro. Es la Pusterla di Sant'Ambrogio, y aunque parezca un decorado, es la mejor manera de entrar en la Milán de la Edad Media.

Pusterla significa poterna, puerta pequeña: no era una de las grandes puertas de la ciudad, sino un paso secundario en las murallas que los milaneses levantaron en el siglo XII. ¿Por qué entonces? Porque en 1162 el emperador Federico Barbarroja había tomado Milán y la había mandado arrasar. Los milaneses volvieron, reconstruyeron su ciudad y la rodearon de un foso lleno de agua y de un cinturón de murallas. Aquel foso, con el tiempo, se convirtió en el anillo de canales que daba la vuelta al centro.

Te lo confieso: lo que ves no es del todo original. La pusterla se reconstruyó en 1939, aprovechando piedras y elementos antiguos, cuando la ciudad quiso recuperar su memoria medieval. Fíjate en el nicho sobre el arco, con las figuras de san Ambrosio y de los mártires Gervasio y Protasio, los protectores de este rincón de Milán.

A pocos pasos se alza un monumento de mármol blanco de los años veinte, el Tempio della Vittoria, dedicado a los milaneses caídos en la Primera Guerra Mundial. Medio siglo XII, medio siglo XX, y debajo de tus pies, una ciudad romana entera. Así es este paseo: Milán se construyó encima de sí misma una y otra vez, y casi nunca tiró los cimientos.

Porque mucho antes de las murallas medievales, esto era Mediolanum, una ciudad que a finales del siglo III se convirtió en capital del Imperio romano de Occidente. Emperadores, obispos, santos y filósofos caminaron por estas calles cuando Roma ya no era el centro del mundo. Cruza la calle y camina hacia la gran basílica de ladrillo que asoma detrás de la puerta: es la de san Ambrosio, el hombre que hizo temblar a un emperador.

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