Ermita de la Virgen del Puerto: el barroco a la orilla del río
Why is it significant?
Empieza en este rincón tranquilo, frente a una pequeña iglesia de ladrillo con un chapitel de pizarra que parece sacado de un cuento: es la ermita de la Virgen del Puerto. A tu espalda corre el Manzanares entre árboles, y en lo alto de la cornisa asoma la silueta del Palacio Real.
Key Facts
| Place | Ermita de la Virgen del Puerto: el barroco a la orilla del río |
|---|---|
| Address | Paseo de la Virgen del Puerto, 28005 Madrid, Spain |
| Geo Coordinates | 40.41550, -3.72130 |
| Part of Walk | Madrid Río: puentes, garzas y el Matadero a orillas del Manzanares |
| Generated | Generated |
Empieza en este rincón tranquilo, frente a una pequeña iglesia de ladrillo con un chapitel de pizarra que parece sacado de un cuento: es la ermita de la Virgen del Puerto. A tu espalda corre el Manzanares entre árboles, y en lo alto de la cornisa asoma la silueta del Palacio Real. Cuesta creer que, hace menos de veinte años, a pocos metros de aquí rugía una autopista.
La ermita la levantó en 1718 Pedro de Ribera, el arquitecto más desbordante del barroco madrileño, por encargo del corregidor de la villa, el marqués de Vadillo. El marqués era devoto de la Virgen del Puerto, patrona de Plasencia, y quiso darle casa junto al río, al comienzo de un paseo arbolado que él mismo mandó trazar. Fue uno de los primeros encargos de Ribera en Madrid, y ya se adivina su gusto por las formas que se mueven: torres que se afilan, volúmenes que juegan entre sí.
Ahora imagina esta orilla hace dos siglos. Estaba llena de lavanderas: cientos de mujeres arrodilladas junto al agua, golpeando la ropa contra las piedras y tendiendo sábanas al sol, entre cantos y discusiones. Goya retrató esta ribera en sus cartones para tapices, y los poetas del Siglo de Oro se burlaban del Manzanares porque, decían, llevaba más ropa tendida que agua. Quevedo lo llamó arroyo aprendiz de río.
La ermita sufrió mucho durante la Guerra Civil, cuando el frente quedó al otro lado del río, en la Casa de Campo, y hubo que reconstruirla después. Y en los años setenta llegó otro golpe: la M-30, la gran autopista de circunvalación, se tendió a lo largo del Manzanares y dejó la ermita encajonada entre el ruido y el humo, a un paso de los coches. Durante décadas casi nadie se paraba aquí.
Por eso este es el mejor punto de partida: aquí empieza la historia de un río que Madrid despreció durante siglos y que, al final, recuperó. Vas a caminar río abajo, de los puentes de los reyes a un matadero convertido en centro de arte, siguiendo el agua. Echa a andar por la orilla hacia el sur, con el río a tu derecha, hasta el gran puente de piedra que tienes a la vista.