Plaza de las Comendadoras: monjas de Santiago y la cruz de Velázquez

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Entras en una plaza recogida, casi de pueblo, con árboles, terrazas, niños en bicicleta y, en un costado, la fachada de ladrillo de un convento con su iglesia. Cuesta creer que estés a diez minutos a pie de la Gran Vía.

Key Facts

PlacePlaza de las Comendadoras: monjas de Santiago y la cruz de Velázquez
AddressPlaza de las Comendadoras, 28015 Madrid, Spain
Geo Coordinates40.42730, -3.70890
Part of WalkMalasaña, del Dos de Mayo a la Movida: la banda sonora rebelde de Madrid
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Entras en una plaza recogida, casi de pueblo, con árboles, terrazas, niños en bicicleta y, en un costado, la fachada de ladrillo de un convento con su iglesia. Cuesta creer que estés a diez minutos a pie de la Gran Vía.

Es el convento de las Comendadoras de Santiago, fundado a mediados del siglo diecisiete para las religiosas de la Orden de Santiago, la orden militar nacida en el siglo doce cuyos caballeros llevaban en el pecho una cruz roja con forma de espada. No era un convento cualquiera: estaba ligado a la Corona y a la nobleza, y sus monjas procedían en buena parte de las mismas familias que nutrían la Orden. La iglesia, levantada en la segunda mitad de aquel siglo por los arquitectos Manuel y José del Olmo, es una de las joyas barrocas menos conocidas de Madrid.

Y aquí va la historia escondida. El caballero de Santiago más famoso de todos los tiempos no fue un guerrero, sino un pintor: Diego Velázquez. Para recibir el hábito, en 1659, tuvo que superar una larga investigación en la que debía demostrar la nobleza de su familia y que nunca había vivido de su oficio... algo complicado para el pintor del rey. Hicieron falta dispensas del papa para que lo consiguiera.

En Las Meninas, pintadas en 1656, Velázquez aparece con la cruz roja de Santiago en el pecho. Pero el cuadro es anterior a su nombramiento, así que la cruz se añadió después. La leyenda asegura que fue el propio Felipe IV quien la pintó, con su mano, como homenaje a su amigo. Nadie ha podido demostrarlo, y nadie ha querido dejar de contarlo.

Hoy la plaza es el salón al aire libre del barrio de Conde Duque, un vecindario de estudios, talleres y gente que vive en la calle, con la misma afición a la noche que Malasaña pero con el volumen algo más bajo. Sal por el lado este de la plaza, cruza la calle de San Bernardo y busca la calle de Manuela Malasaña: vamos al encuentro de una costurera de diecisiete años.

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