Island Gardens y el túnel peatonal de Greenwich
Why is it significant?
Siéntate un momento en el muro de Island Gardens y mira al otro lado del Támesis: ahí tienes, de una sola vez, la postal más perfecta de Londres. Dos cúpulas gemelas, columnatas blancas, una casita clara al fondo y, coronando la colina verde, un observatorio con una bola roja en el tejado.
Key Facts
| Place | Island Gardens y el túnel peatonal de Greenwich |
|---|---|
| Address | Saunders Ness Road, London E14 3EB, United Kingdom |
| Geo Coordinates | 51.48740, -0.01020 |
| Part of Walk | Greenwich, Londres: el meridiano cero, el Cutty Sark y la memoria de Trafalgar |
| Generated | Generated |
Siéntate un momento en el muro de Island Gardens y mira al otro lado del Támesis: ahí tienes, de una sola vez, la postal más perfecta de Londres. Dos cúpulas gemelas, columnatas blancas, una casita clara al fondo y, coronando la colina verde, un observatorio con una bola roja en el tejado.
El encuadre no es casualidad. Hacia 1750 el veneciano Canaletto pintó esta misma vista desde esta orilla, y el cuadro se guarda hoy en el Museo Marítimo, al otro lado del agua. El conjunto lo trazó Christopher Wren con una condición que, según se cuenta, le impuso la reina María II: no tapar la vista de la casa blanca desde el río. Por eso los edificios se abren en dos mitades, como un telón de teatro, y dejan un pasillo de aire hasta la Queen's House.
Antes de todo esto, en esa misma orilla se alzaba el palacio Tudor de Placentia. Allí nació Enrique VIII en 1491, y allí, en 1509, se casó con una princesa española, Catalina de Aragón, la hija menor de los Reyes Católicos. Su hija María, la futura María Tudor, nació en ese palacio en 1516. Así que la primera historia de Greenwich que te cuento ya tiene acento castellano.
¿Y cómo se cruza? Fíjate en la pequeña rotonda de ladrillo rojo con cúpula de cristal junto al agua. Es la entrada del túnel peatonal de Greenwich, abierto en 1902 para los obreros de los muelles de la Isla de los Perros, que vivían en la orilla sur y estaban hartos de depender de los barqueros y de las nieblas. Son unos 370 metros forrados de azulejos blancos, y si cantas en el centro, el eco te devuelve un coro entero.
Un detalle que casi nadie nota: cerca de este extremo el túnel se estrecha de golpe, porque por dentro lo reforzaron con acero y hormigón tras los daños de las bombas en la Segunda Guerra Mundial... una cicatriz de la guerra que pisas sin darte cuenta. Baja por la escalera de caracol, camina bajo el río y sal por la otra cúpula: al salir te espera un barco de tres mástiles.