La fuente memorial de Diana: un retrato hecho de agua

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Escucha antes de mirar: el agua aquí no cae, corre. Frente a ti, sobre la hierba, hay un anillo ovalado de granito claro donde el agua baja en dos direcciones, a ratos tranquila y a ratos en remolinos y pequeños rápidos, hasta reunirse en un estanque sereno al pie de la pendiente.

Key Facts

PlaceLa fuente memorial de Diana: un retrato hecho de agua
AddressSouth Carriage Drive, Hyde Park, London W2 2UH, United Kingdom
Geo Coordinates51.50470, -0.17060
Part of WalkLondres de museos y jardines: de los cuadros españoles de Wellington a South Kensington
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Escucha antes de mirar: el agua aquí no cae, corre. Frente a ti, sobre la hierba, hay un anillo ovalado de granito claro donde el agua baja en dos direcciones, a ratos tranquila y a ratos en remolinos y pequeños rápidos, hasta reunirse en un estanque sereno al pie de la pendiente.

Es el memorial a Diana, princesa de Gales, inaugurado por la reina Isabel II en julio de 2004. No es una fuente con chorros, ni una estatua, ni una lápida. La paisajista estadounidense Kathryn Gustafson lo pensó como un retrato abstracto de Diana: el agua sale del punto más alto y se divide, como una vida con dos caras, una alegre y otra turbulenta, antes de encontrar la calma al final.

Lo asombroso está en la piedra. El anillo se compone de 545 piezas de granito de Cornualles, cortadas por máquinas controladas por ordenador a partir de un modelo digital del terreno. Cada pieza tiene una textura distinta, con escalones, surcos y ranuras que hacen que el agua salte, burbujee o se deslice en silencio. Es una escultura que no se ve entera desde ningún punto: hay que recorrerla, dar la vuelta, escucharla.

Eso sí, el estreno fue accidentado. A las pocas semanas de abrirla tuvieron que cerrarla, porque varias personas resbalaron en el granito mojado y la gente se metía de pie como si fuera una piscina. La reabrieron con vigilantes y normas, y hoy la invitación sigue siendo la misma: siéntate en el borde y mete la mano en el agua. Es de los pocos monumentos de Londres que se pueden tocar sin que nadie te regañe.

Diana vivía al otro lado de estos jardines, en el palacio de Kensington, y por eso el lugar no se siente solemne, sino casi doméstico, como un rincón del vecindario. Sigue ahora hacia el oeste, cruza con cuidado la calzada de West Carriage Drive y entra en los jardines de Kensington: verás un pabellón bajo de ladrillo con aire de casa de té.

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