Chafariz do Rato
Why is it significant?
En medio del ajetreo del Largo do Rato, entre autobuses, taxis y semáforos, busca la vieja fuente de piedra, el Chafariz do Rato. Hoy casi nadie se fija en ella, pero hace dos siglos y medio esta era una de las esquinas más concurridas del barrio: aquí venía la gente a por agua.
Key Facts
| Place | Chafariz do Rato |
|---|---|
| Address | Largo do Rato, 1250-185 Lisboa, Portugal |
| Geo Coordinates | 38.71990, -9.15410 |
| Part of Walk | Lisboa verde: del acueducto de las Amoreiras a los jardines de Estrela |
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En medio del ajetreo del Largo do Rato, entre autobuses, taxis y semáforos, busca la vieja fuente de piedra, el Chafariz do Rato. Hoy casi nadie se fija en ella, pero hace dos siglos y medio esta era una de las esquinas más concurridas del barrio: aquí venía la gente a por agua.
La fuente se levantó a mediados del siglo XVIII, en cuanto el agua del acueducto empezó a llegar desde la Mãe d'Água, a pocos pasos de aquí. Era el final del viaje: kilómetros de canales, arcos y galerías para acabar en un caño de piedra en una plaza. Lisboa llegó a tener decenas de chafarizes como este repartidos por sus colinas.
Pero el agua no subía sola a los pisos. La subían los aguadeiros, los aguadores, con barriles al hombro. Y aquí viene el detalle que te va a gustar: muchísimos de ellos eran gallegos. Tantos, que en el portugués de Lisboa la palabra galego llegó a usarse para cualquier mozo de carga. Estaban organizados por fuentes, con turnos y números, y tenían una obligación curiosa: cuando había un incendio debían acudir corriendo con sus barriles llenos. Fueron, en cierto modo, los primeros bomberos de la ciudad.
El agua también trajo industria. El Rato fue en el siglo XVIII un pequeño barrio fabril: aquí funcionaba la Real Fábrica de Loza del Rato, fundada en 1767, cuyas piezas de cerámica se buscan hoy en los museos y en las subastas, y muy cerca trabajaba la fábrica de sedas que alimentaban las moreras de las Amoreiras. Sin agua abundante no había tintes, ni barro, ni vapor. Con la llegada del agua corriente a las casas, a finales del siglo XIX, los aguadores fueron desapareciendo, y con ellos la vida que había alrededor de cada fuente.
Ahora toma la Rua da Escola Politécnica, una cuesta suave que sigue la cresta de la colina. En unos minutos verás a tu izquierda el gran edificio de la antigua Escuela Politécnica. Detrás de él se esconde uno de los jardines más asombrosos de Lisboa.