Praça das Flores

Why is it significant?

Has bajado a una de las plazas más tranquilas de Lisboa: un rectángulo de árboles altos, bancos, casas de fachadas suaves y un pequeño jardín en el centro. Aquí no hay monumentos, y precisamente por eso merece la pena pararse: esto es la Lisboa de barrio, la que vive cuando los visitantes no miran.

Key Facts

PlacePraça das Flores
AddressPraça das Flores, 1200-192 Lisboa, Portugal
Geo Coordinates38.71490, -9.15190
Part of WalkLisboa verde: del acueducto de las Amoreiras a los jardines de Estrela
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Has bajado a una de las plazas más tranquilas de Lisboa: un rectángulo de árboles altos, bancos, casas de fachadas suaves y un pequeño jardín en el centro. Aquí no hay monumentos, y precisamente por eso merece la pena pararse: esto es la Lisboa de barrio, la que vive cuando los visitantes no miran.

Se llama plaza de las Flores, pero fíjate en una cosa: en Lisboa las flores más espectaculares no están en los parterres, están en lo alto. Cada año, entre finales de mayo y junio, la ciudad se tiñe de violeta con la floración de los jacarandás. Son árboles originarios de Sudamérica, de la zona de Argentina, Bolivia, Paraguay y Brasil, que llegaron aquí en el siglo XIX y se adaptaron como si hubieran nacido en el Tajo. Cuando florecen, las aceras se cubren de una alfombra morada.

Lisboa es, de hecho, una especie de jardín de aclimatación del antiguo imperio. Su clima atlántico, con inviernos templados, permite que convivan en la misma calle palmeras de África, araucarias del Pacífico, dragos de la Macaronesia y árboles de Brasil. Lo que en Madrid o en París necesita un invernadero, aquí crece en una plaza.

Mira también la forma del terreno. Estás en un pliegue entre dos colinas: a tu espalda queda la de la Escola Politécnica y el Príncipe Real, delante, la de Estrela. Lisboa presume de siete colinas, como Roma, aunque si las cuentas con honestidad salen bastantes más. Esa topografía explica muchas cosas: por qué hay escaleras en vez de calles, por qué hubo que traer el agua desde tan lejos, y por qué los jardines se asoman siempre a algún mirador.

Siéntate un momento si puedes. Verás a vecinos con sus perros, niños, alguien que vuelve de la compra con el pan. Esta calma es un pequeño lujo en una ciudad cada vez más visitada. Después sigue hacia el sur, solo unos pasos, y verás asomar una enorme fachada blanca con escalinata: el Parlamento portugués.

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