Cemitério dos Ingleses

Why is it significant?

Detrás de este muro alto, en la Rua de São Jorge, asoman las copas oscuras de los cipreses. Es el Cemitério dos Ingleses, el cementerio británico de Lisboa, junto a la iglesia anglicana de San Jorge.

Key Facts

PlaceCemitério dos Ingleses
AddressRua de São Jorge 6, 1200-410 Lisboa, Portugal
Geo Coordinates38.71640, -9.16040
Part of WalkLisboa verde: del acueducto de las Amoreiras a los jardines de Estrela
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Detrás de este muro alto, en la Rua de São Jorge, asoman las copas oscuras de los cipreses. Es el Cemitério dos Ingleses, el cementerio británico de Lisboa, junto a la iglesia anglicana de San Jorge. Si puedes entrar, verás más un jardín que un camposanto: lápidas cubiertas de musgo, senderos de grava, pájaros y un silencio que parece de otro siglo.

Durante mucho tiempo, en la Lisboa católica de la Inquisición, los protestantes no tenían dónde ser enterrados. Se cuenta que sus muertos acababan sepultados de noche en la playa o lanzados al río. Un tratado de 1654 entre Portugal y la Inglaterra de Cromwell reconoció a los ingleses el derecho a tener su propio cementerio, pero hizo falta más de medio siglo para que se hiciera realidad, ya a comienzos del siglo XVIII.

Y aquí descansa un gigante de la novela inglesa: Henry Fielding, el autor de Tom Jones, publicada en 1749. Llegó a Lisboa en el verano de 1754, muy enfermo, buscando el sol y el clima suave para curarse. Murió el 8 de octubre de ese mismo año, apenas dos meses después de llegar. Su diario del viaje se publicó después de su muerte, en 1755, y es un texto lleno de humor amargo.

El lugar exacto de su tumba se perdió con el tiempo. El monumento que lo recuerda se levantó mucho después, en 1830, gracias a la colonia británica. Junto a él descansan comerciantes de vino de Oporto, marinos, diplomáticos e incluso un autor de himnos muy conocido en su país, Philip Doddridge, que murió aquí en 1751. Bajo los cipreses, la historia del comercio entre Lisboa e Inglaterra se lee en las lápidas.

Es un recordatorio de que esta ciudad, puerto y encrucijada, siempre fue también de los extranjeros, aunque a veces los recibiera a regañadientes. Para la última parada camina hacia el noroeste, hacia el barrio de Campo de Ourique, con sus calles rectas y sus tranvías. En la Rua Coelho da Rocha te espera la casa de un poeta que inventó a otro poeta para hablar del campo.

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