A Voz do Operário

Why is it significant?

Frente a ti, en la cuesta que baja de la Graça hacia São Vicente, se levanta un edificio grande y digno con un nombre que parece un eslogan: A Voz do Operário, la Voz del Obrero. Y eso es exactamente lo que fue. Todo empezó con un periódico.

Key Facts

PlaceA Voz do Operário
AddressRua da Voz do Operário, 1100 Lisboa, Portugal
Geo Coordinates38.71550, -9.12930
Part of WalkMouraria y Graça: la Lisboa escondida del fado, las vilas obreras y los miradores
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Frente a ti, en la cuesta que baja de la Graça hacia São Vicente, se levanta un edificio grande y digno con un nombre que parece un eslogan: A Voz do Operário, la Voz del Obrero. Y eso es exactamente lo que fue.

Todo empezó con un periódico. En 1879, un grupo de obreros de las fábricas de tabaco de Lisboa decidió que necesitaban su propia voz y fundó un semanario con ese nombre, pagado con las cuotas de los propios trabajadores. Pocos años después, alrededor del periódico nació una sociedad de ayuda mutua, y su gran proyecto fue la educación.

Piensa en la Lisboa de entonces: la mayoría de los obreros no sabía leer, y sus hijos trabajaban desde niños. La sociedad abrió escuelas gratuitas para los hijos de los trabajadores, y llegó a tener miles de alumnos repartidos por la ciudad. Este edificio de la Graça, inaugurado en los años treinta del siglo veinte, se levantó como su gran sede: aulas, biblioteca, servicios para los socios. Fíjate en la fachada: no es la de una fábrica ni la de un palacio, sino la de una escuela que quiso parecer importante, porque para aquellos obreros saber leer era la forma más seria de dignidad, y la única herencia que podían dejar a sus hijos.

Sobrevivir al Estado Novo no fue fácil. La dictadura desconfiaba de cualquier asociación obrera, vigilaba lo que se enseñaba y lo que se publicaba, y el lápiz azul de la censura pasaba también por las páginas del periódico. Aun así, la institución resistió, y después de 1974 recuperó toda su libertad. Hoy sigue funcionando como escuela y como centro de la vida del barrio, y el periódico todavía se publica.

Es otro de esos tesoros que Lisboa no anuncia: no está en las postales, pero ha enseñado a leer a generaciones enteras de lisboetas. Sigue ahora bajando unos pasos, hasta que delante de ti aparezca una gran fachada blanca con dos torres. Es el final del paseo, y no podía ser más grandioso.

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