Monumento Nacional y Monumento a Nelson
Why is it significant?
Camina entre estas doce columnas enormes de piedra gris y mira cómo terminan de golpe: sin tejado, sin paredes, sin nada detrás. Es el Monumento Nacional de Escocia, y tenía que ser una copia del Partenón de Atenas.
Key Facts
| Place | Monumento Nacional y Monumento a Nelson |
|---|---|
| Address | Calton Hill, Edinburgh EH7 5AA, UK |
| Geo Coordinates | 55.95470, -3.18190 |
| Part of Walk | Edimburgo georgiana: la New Town y el Calton Hill |
| Generated | Generated |
Camina entre estas doce columnas enormes de piedra gris y mira cómo terminan de golpe: sin tejado, sin paredes, sin nada detrás. Es el Monumento Nacional de Escocia, y tenía que ser una copia del Partenón de Atenas.
Se ideó para honrar a los soldados y marinos escoceses muertos en las guerras contra Napoleón. La primera piedra se colocó en 1822, durante aquella visita de Jorge IV que recordaste en George Street, y las obras arrancaron en 1826 con los planos de Charles Cockerell y William Playfair. Pero cada columna costaba una fortuna, la suscripción popular se quedó muy lejos de lo previsto, y en 1829 el dinero se acabó.
Durante años lo llamaron la vergüenza de Escocia, o la locura de Edimburgo. Hoy los vecinos le han cogido cariño: los niños trepan por sus escalones, los turistas se hacen fotos entre las columnas, y la noche del 30 de abril la colina suele arder con el festival de Beltane. Quizá sea el monumento más honesto de la ciudad: recuerda que hasta la Atenas del Norte tenía sus límites.
A unos pasos, la torre con forma de catalejo invertido es el monumento a Nelson, terminado en 1816 en homenaje al almirante que murió en Trafalgar, la batalla en la que cayeron las flotas española y francesa frente al cabo de Trafalgar, cerca de Cádiz. En lo alto hay una bola blanca que baja cada día a la una en punto, y desde 1861 coincide con el cañonazo del castillo: así los capitanes de los barcos del puerto de Leith, que veían caer la bola u oían el disparo, ponían en hora sus cronómetros.
Y desde aquí, mira atrás: el casco viejo apretado sobre su cresta, la ciudad nueva en su cuadrícula perfecta, y entre ambas el valle donde hubo un lago. Edimburgo se dibujó a sí misma dos veces, una por necesidad y otra por ambición, y en ningún sitio se entiende mejor que en esta colina. Quédate un rato... aquí termina nuestro paseo.