Memorial a los sinti y romaníes asesinados
Why is it significant?
Entra en este pequeño claro rodeado de árboles y paneles de cristal, y baja la voz. Ante ti hay un estanque redondo, oscuro como un espejo negro, y en el centro una piedra triangular sobre la que descansa una sola flor fresca. Si prestas atención, quizá oigas una nota larga y baja de violín.
Key Facts
| Place | Memorial a los sinti y romaníes asesinados |
|---|---|
| Address | Simsonweg, 10557 Berlin, Germany |
| Geo Coordinates | 52.51730, 13.37600 |
| Part of Walk | Berlín del Reichstag al Tiergarten: cúpulas, memoriales y la plaza que volvió de la nada |
| Generated | Generated |
Entra en este pequeño claro rodeado de árboles y paneles de cristal, y baja la voz. Ante ti hay un estanque redondo, oscuro como un espejo negro, y en el centro una piedra triangular sobre la que descansa una sola flor fresca. Si prestas atención, quizá oigas una nota larga y baja de violín.
Es el Memorial a los sinti y romaníes de Europa asesinados bajo el nacionalsocialismo, inaugurado en octubre de 2012 y diseñado por el artista israelí Dani Karavan. Los historiadores calculan que hasta medio millón de personas de estos pueblos fueron asesinadas en la Europa ocupada: en guetos, en los fusilamientos masivos del Este, en Auschwitz-Birkenau, donde existía un recinto que los nazis llamaban campo gitano. En romaní este genocidio tiene nombre propio: Porajmos, o Samudaripen.
Fíjate en la piedra triangular. El triángulo recuerda el distintivo que llevaban los prisioneros en los campos. Cada día la piedra se hunde bajo el agua y vuelve a emerger con una flor nueva. Es un gesto mínimo, casi doméstico, y precisamente por eso conmueve: el recuerdo aquí no es un héroe de bronce, sino un cuidado que alguien tiene que repetir todos los días. En el borde del estanque corre, en letras de metal, el poema Auschwitz del autor romaní italiano Santino Spinelli.
El reconocimiento llegó tarde, terriblemente tarde. Durante décadas, en la Alemania de posguerra, muchas oficinas y tribunales trataron la persecución de sinti y romaníes como una medida policial contra la delincuencia y no como persecución racial, y las indemnizaciones se negaron o se retrasaron. Solo en 1982 el canciller Helmut Schmidt reconoció oficialmente el genocidio. Los paneles de cristal que rodean el claro cuentan esa cronología, desde las primeras leyes discriminatorias hasta las deportaciones.
Y fíjate en la ubicación: a un lado el Reichstag, al otro la Puerta de Brandeburgo. El memorial no está escondido en una periferia, sino en el corazón simbólico del Estado. Cuando hace pocos años se planeó una obra ferroviaria que podía afectar al claro, la comunidad sinti y romaní protestó con fuerza... recordar también significa defender el lugar del recuerdo. Sal ahora hacia el oeste, hasta la ancha avenida Straße des 17. Juni, y busca una columnata con un soldado de bronce.