Brouwersgracht: ganchos, almacenes y casas que se inclinan
Why is it significant?
Párate en el puente donde la Prinsengracht desemboca en la Brouwersgracht y mira a tu alrededor: almacenes altos con contraventanas de colores, vigas que asoman bajo el tejado con un gancho en la punta y fachadas que, si te fijas bien, están ligeramente inclinadas hacia delante.
Key Facts
| Place | Brouwersgracht: ganchos, almacenes y casas que se inclinan |
|---|---|
| Address | Papiermolensluis, Brouwersgracht, 1015 Amsterdam, Netherlands |
| Geo Coordinates | 52.38040, 4.88860 |
| Part of Walk | Ámsterdam secreta: la curva de oro, los hofjes del Jordaan y el canal de los cerveceros |
| Generated | Generated |
Párate en el puente donde la Prinsengracht desemboca en la Brouwersgracht y mira a tu alrededor: almacenes altos con contraventanas de colores, vigas que asoman bajo el tejado con un gancho en la punta y fachadas que, si te fijas bien, están ligeramente inclinadas hacia delante.
No es un error de los albañiles. Es a propósito. Las casas de Ámsterdam se construían estrechas y con escaleras empinadísimas, así que todo, sacos de grano, barriles, muebles, subía por fuera, colgado de ese gancho con una polea. Inclinando la fachada hacia delante, la carga no golpeaba las ventanas al subir. Todavía hoy, cuando alguien se muda en Ámsterdam, el sofá entra muchas veces por la ventana del tercer piso, mientras los vecinos miran conteniendo el aliento.
Otras casas se inclinan hacia los lados, y esas sí son un problema. La ciudad entera descansa sobre pilotes de madera clavados en el barro hasta una capa de arena firme, a muchos metros de profundidad. Mientras la madera está bajo el agua, sin aire, aguanta siglos; si el nivel baja o el pilote se pudre, la casa empieza a hundirse y acaba apoyándose en la vecina. Ámsterdam es, literalmente, un bosque puesto del revés.
El nombre lo dice todo: Brouwersgracht, el canal de los cerveceros. En los siglos XVI y XVII aquí se concentraban las cervecerías, en el borde de la ciudad y cerca del puerto, y por el agua llegaban las barcazas con el agua dulce y la cebada. Después, los almacenes guardaron el grano, la sal y las mercancías del comercio que hizo de Ámsterdam el gran almacén del mundo.
Y aquí termina el paseo, en el borde del anillo de canales. Todo lo que has visto, la curva de oro, los hofjes, las iglesias de De Keyser, se construyó con una guerra de fondo: la de los Ochenta Años contra la corona española. En 1648, en la ciudad alemana de Münster, España reconoció por fin la independencia de la República. Quédate un rato mirando el agua: pocas vistas de Ámsterdam son tan tranquilas como esta.