Prinsengracht 263: la casa de Ana Frank
Why is it significant?
Quédate en el puente y mira la fila de casas de la Prinsengracht hacia la torre de la Westerkerk. Una de ellas, sencilla, con fachada de ladrillo oscuro y un almacén detrás, se parece a todas las demás. Precisamente por eso funcionó el escondite. Es la Prinsengracht 263.
Key Facts
| Place | Prinsengracht 263: la casa de Ana Frank |
|---|---|
| Address | Prinsengracht 263-267, 1016 GV Amsterdam, Netherlands |
| Geo Coordinates | 52.37570, 4.88380 |
| Part of Walk | Ámsterdam secreta: la curva de oro, los hofjes del Jordaan y el canal de los cerveceros |
| Generated | Generated |
Quédate en el puente y mira la fila de casas de la Prinsengracht hacia la torre de la Westerkerk. Una de ellas, sencilla, con fachada de ladrillo oscuro y un almacén detrás, se parece a todas las demás. Precisamente por eso funcionó el escondite. Es la Prinsengracht 263.
En julio de 1942, Otto Frank escondió aquí a su familia en el anexo trasero de su empresa, el Achterhuis. Ocho personas vivieron más de dos años en silencio, detrás de una estantería giratoria, ayudadas por empleados que se jugaban la vida para traerles comida y noticias. El 4 de agosto de 1944 la policía los descubrió y los detuvo; quién los delató sigue siendo un misterio. Ana murió en el campo de Bergen-Belsen a comienzos de 1945, con quince años. De los ocho, solo sobrevivió su padre.
En su diario, Ana escribe sobre las campanas de la Westerkerk, que oía dar las horas desde su escondite. Para ella eran una compañía, una señal de que el mundo seguía ahí fuera, a pocos metros y a una distancia infinita. Esa misma torre sigue sonando hoy. Si coincide la hora mientras estás aquí, escucha.
Otto Frank volvió a Ámsterdam y Miep Gies, una de las protectoras, le entregó los papeles de su hija, que había guardado sin leerlos. En 1947 se publicó el diario con el título Het Achterhuis, la casa de atrás, y desde entonces se ha traducido a más de setenta idiomas. La casa abrió como museo en 1960, en parte porque sus amigos lucharon para que no la derribaran.
Lo que impresiona, al verla desde aquí, es lo poco que destaca: una casa de canal más, en una ciudad de casas de canal. Ana quería ser escritora, y lo fue, aunque nunca llegó a saberlo. Ahora cruza al otro lado de la Prinsengracht y entra en el Jordaan por la Bloemgracht: verás enseguida que es otro mundo.