Plaza de Mayo, Cabildo y Avenida de Mayo: el eje cívico e histórico porteño

De la Casa Rosada y la Catedral Metropolitana al Palacio Barolo y el Congreso Nacional

Buenos Aires · 12 stops · 30 min audio · Generated

  1. 1. Casa Rosada y balcón presidencial sobre la Plaza de Mayo

    Balcarce 50, C1064 CABA, Argentina

    Bienvenidos al corazón político y cívico de la República Argentina ante la inconfundible silueta de la Casa Rosada. Erigida sobre los cimientos del antiguo Fuerte Real de San Juan Baltasar de Austria de finales del siglo dieciséis, la sede de la presidencia de la nación debe su aspecto monumental actual a la unión en 1898 del antiguo Palacio de Correos con la sede de gobierno colonial, proyectada por el arquitecto sueco Carlos Kihlberg y unificada por el italiano Francisco Tamburini mediante un colosal arco triunfal central.

    ¿Por qué su color rosa característico? La tradición popular sostiene que en 1873 el presidente Domingo Faustino Sarmiento ordenó pintar la fachada combinando cal viva con sangre vacuna fresca, buscando fusionar simbólicamente los colores de los dos bandos fratricidas de las guerras civiles: el rojo de los federales y el blanco de los unitarios.

    Desde los balcones que dan a la plaza se han escrito algunas de las páginas más apasionadas de la historia contemporánea sudamericana. En octubre de 1945, cientos de miles de obreros colmaron la explanada reclamando la libertad del coronel Juan Domingo Perón, inaugurando el fenómeno de masas del peronismo. Poco después, la voz conmovida de Eva Duarte de Perón—inmortalizada en todo el mundo como Evita—se dirigía a los descamisados desde este pretil antes de su prematura muerte en 1952. La fachada fue testigo también de los trágicos bombardeos navales de junio de 1955, cuyas metrallas dejaron huellas en los muros vecinos. En el subsuelo del palacio, el Museo del Bicentenario exhibe el mural Ejercicio Plástico pintado en 1933 por el maestro mexicano David Alfaro Siqueiros.

    Contemplar la Guardia de Honor de los Granaderos a Caballo custodiando las puertas de madera lustrada evoca el peso colosal de los destinos patrios forjados en este solar.

    Crucemos hacia el centro adoquinado de la plaza para situarnos ante la venerada Pirámide de Mayo.

  2. 2. Pirámide de Mayo y pañuelos blancos de las Madres de Plaza de Mayo

    Plaza de Mayo, C1064 CABA, Argentina

    Nos detenemos junto al obelisco neoclásico de la Pirámide de Mayo, el primer monumento cívico erigido en la historia de la nación independiente. Diseñada en 1811 por el alarife Pedro Vicente Cañete para conmemorar el primer aniversario de la Revolución de Mayo, la estructura original de ladrillo cocido fue recubierta y ampliada en 1856 por el talentoso arquitecto Prilidiano Pueyrredón, coronándola con la estatua alegórica de la Libertad esculpida por Joseph Dubourdieu.

    Miren con atención el suelo que circunda el basamento de la pirámide: sobre los adoquines se observan pintados en blanco decenas de pañuelos triangulares, símbolo universal de las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo.

    En abril de 1977, en los meses más oscuros de la última dictadura cívico-militar argentina, catorce madres angustiadas se reunieron aquí para exigir noticias sobre el paradero de sus hijos secuestrados por las fuerzas represivas. Ante la orden policial de no quedarse paradas en la vía pública por el estado de sitio, las mujeres comenzaron a caminar lentamente en círculos de a dos alrededor de la pirámide, cubriendo sus cabezas con los pañales de tela blanca de sus bebés para reconocerse entre sí. Aquellas rondas silenciosas de los jueves a las tres y media de la tarde rompieron la censura planetaria y transformaron el dolor individual en un movimiento indestructible por la memoria, la verdad y la justicia. En 2005, las cenizas de la fundadora Azucena Villaflor—secuestrada y arrojada viva al mar en los vuelos de la muerte en 1977—fueron enterradas ceremoniosamente al pie de esta pirámide.

    Este círculo de adoquines es un santuario ético donde la resistencia pacífica de madres indefensas venció al silencio del terror estatal. Junto al basamento de la pirámide, una placa de bronce conmemora las históricas movilizaciones obreras del 17 de octubre de 1945 y las masivas concentraciones cívicas que marcaron el regreso democrático en 1983.

    Dirijamos nuestros pasos hacia la esquina norte de la plaza para admirar el frontispicio de la Catedral Metropolitana.

  3. 3. Catedral Metropolitana de Buenos Aires y Mausoleo del General San Martín

    San Martín 27, C1004 CABA, Argentina

    Nos hallamos frente a la monumental fachada neoclásica de la Catedral Metropolitana de Buenos Aires, el principal templo católico de la nación. A diferencia de las catedrales coloniales con torres gemelas tradicionales, este edificio presenta un imponente pórtico de doce columnas corintias finalizado en 1827 por los arquitectos Próspero Catelin y Pedro Benoit, inspirado conscientemente en el palacio Bourbon de París para simbolizar los doce apóstoles del cristianismo.

    En el tímpano triangular superior resalta un exquisito bajorrelieve esculpido en 1862 por el francés Joseph Dubourdieu, que representa el reencuentro bíblico de Jacob con su hijo José en Egipto, alegoría de la reconciliación nacional entre Buenos Aires y las provincias confederadas tras décadas de enfrentamientos civiles.

    Al franquear sus naves de sobrio estilo barroco, en la nave lateral derecha se accede al solemne Mausoleo del General Don José de San Martín, Libertador de Argentina, Chile y Perú. Fallecido en el exilio en Boulogne-sur-Mer en 1850, los restos de San Martín fueron repatriados en 1880 a bordo del transporte Villarino y depositados en este monumento tallado en mármoles de Carrara por el escultor francés Albert-Ernest Carrier-Belleuse. Tres figuras femeninas de piedra representan a las tres naciones emancipadas por su espada continental. Dos soldados del Regimiento de Granaderos a Caballo montan guardia permanente con sables desenvainados junto al sarcófago, relevándose cada dos horas. En la capilla contigua de San Juan Bautista se conserva un retablo mayor barroco de cedro tallado en 1785 por el maestro Isidro Lorea, considerado una de las obras cumbres de la ebanistería colonial rioplatense. Esta catedral fue además la sede arzobispal del cardenal Jorge Mario Bergoglio durante quince años, antes de ser consagrado como el papa Francisco en el cónclave vaticano de 2013.

    La atmósfera de devoción patriótica y recogimiento espiritual conmueve a creyentes y laicos por igual bajo su cúpula pintada.

    Crucemos hacia la esquina sur de la plaza para descubrir la galería colonial del Cabildo Histórico.

  4. 4. Cabildo Histórico de Buenos Aires y Revolución de Mayo de 1810

    Bolívar 65, C1066 CABA, Argentina

    Se alza ante nosotros la inconfundible arcada blanca del Cabildo Histórico de Buenos Aires, el monumento fundacional de las libertades cívicas argentinas. Proyectado en 1725 por los arquitectos jesuitas Andrés Blanqui y Juan Bautista Prímoli, este sobrio edificio virreinal albergaba el ayuntamiento, los calabozos de la ciudad y las salas capitulares de justicia civil durante la administración colonial del Río de la Plata.

    Observen la llamativa asimetría de sus arcadas: originalmente el edificio poseía once arcos en cada planta flanqueando la torre central, pero entre 1889 y 1931 debieron demolerse seis arcos para permitir la apertura de las avenidas de Mayo y Julio A. Roca, adquiriendo su fisonomía comprimida actual restaurada por Mario Buschiazzo en 1940.

    Fue exactamente en el balcón del Cabildo y en su sala capitular donde el 25 de mayo de 1810 los criollos porteños depusieron pacíficamente al virrey español Baltasar Hidalgo de Cisneros tras las invasiones napoleónicas en España, creando la Primera Junta de Gobierno presidida por Cornelio Saavedra. En la plaza de barro exterior, bajo una pertinaz llovizna otoñal, jóvenes patriotas como Domingo French y Antonio Beruti repartían cintas celestes y blancas para identificar a los partidarios de la soberanía popular. Hoy funciona como Museo Nacional del Cabildo y la Revolución de Mayo, exhibiendo carruajes virreinales, el estandarte real, actas capitulares manuscritas y el primitivo aljibe colonial de mármol que abastecía de agua fresca a los presos capitulares en el patio trasero sombreado por un gran jacarandá. En las salas de la planta alta se conserva la histórica mesa de caoba donde los nueve miembros de la Primera Junta firmaron las primeras circulares patrias enviadas a las intendencias del interior del país.

    Tocar los barrotes de hierro de sus ventanas coloniales es rozar el instante exacto en que nació el anhelo de libertad en el sur de América.

    Caminemos unos metros al sur por Bolívar hacia la Manzana de las Luces.

  5. 5. Manzana de las Luces y Colegio Nacional de Buenos Aires

    Perú 222, C1067 CABA, Argentina

    Penetramos en la Manzana de las Luces, una de las manzanas urbanas más cargadas de saber, intrigas y debates intelectuales de toda América Latina. Establecida por la Compañía de Jesús a comienzos del siglo diecisiete, este predio delimitado por las calles Perú, Bolívar, Moreno y Alsina albergó el colegio jesuita, la iglesia de San Ignacio de Loyola—el templo en pie más antiguo de la ciudad, consagrado en 1722—y la Real Imprenta de Niños Expósitos.

    El célebre periódico El Argos bautizó este lugar en 1821 como Manzana de las Luces debido a la asombrosa concentración de sabiduría que reunía: aquí funcionaron la Universidad de Buenos Aires, la Biblioteca Nacional, el Museo de Historia Natural y la Academia de Medicina.

    Bajo los patios de baldosas rojas y las gruesas paredes de cal y ladrillo serpentea un misterioso laberinto subterráneo de túneles secretos construidos en los siglos diecisiete y dieciocho. Cavados en la tosca dura por artesanos indígenas y esclavizados, estos conductos subterráneos comunicaban las iglesias jesuitas con el fuerte y el río de la Plata con fines de defensa contra corsarios y contrabando de mercancías. En estas aulas se formaron los hombres ilustres que forjaron la república, desde Manuel Belgrano y Mariano Moreno hasta generaciones de presidentes en el contiguo Colegio Nacional de Buenos Aires. La Procuraduría de las Misiones dentro del complejo centralizaba las finanzas, las cosechas de yerba mate y la distribución de libros impresos hacia las reducciones guaraníes del litoral fluvial. En julio de 1966, la Facultad de Ciencias Exactas instalada en estos pabellones fue escenario de la infame Noche de los Bastones Largos, cuando la policía desalojó violentamente a docentes y alumnos provocando un doloroso exilio de científicos.

    Respirar la penumbra fresca de sus claustros es conectar con los ideales de educación pública, pensamiento crítico y resistencia civil que forjaron a la sociedad argentina.

    Sigamos hacia la calle Perú para descubrir la monumental torre del Palacio de la Legislatura Porteña.

  6. 6. Palacio de la Legislatura Porteña y torre del reloj con carrillón

    Perú 160, C1067 CABA, Argentina

    Nos situamos frente al suntuoso Palacio de la Legislatura de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, una de las creaciones más refinadas del eclecticismo arquitectónico de inspiración francesa de la década de 1920. Proyectado por el arquitecto argentino Eduardo Le Monnier y completado en 1931, el palacio fue concebido como sede del Concejo Deliberante municipal y de los representantes electos de los vecinos porteños.

    Levanten la mirada hacia su majestuosa torre de noventa y siete metros de altura: rematada por un reloj monumental con cuatro cuadrantes traído de Alemania, alberga un carrillón único compuesto por treinta campanas de bronce que pesan en conjunto más de veinticinco toneladas, lo que lo convierte en el instrumento campanero afinado más grande de América del Sur.

    El edificio es un festín de artesanía decorativa de lujo: su biblioteca institucional, inspirada en la galería de los espejos del Palacio de Versalles, exhibe boiseries de roble eslavo, apliques de bronce fundido con baño de oro y arañas de cristal de Baccarat. En el Salón Dorado, bajo colosales frescos en el cielo raso que celebran las virtudes de la justicia y el trabajo, la Fundación Eva Perón estableció su sede central de acción social entre 1946 y 1952. Miles de personas humildes llegaban diariamente a este salón para solicitar máquinas de coser, viviendas dignas, juguetes para sus hijos o atención médica gratuita recibidas directamente de manos de Evita. El Salón San Martín presenta un imponente revestimiento en madera de nogal con chimenea monumental de mármol de Grecia, donde se desarrollan solemnes debates y distinciones a ciudadanos ilustres de la ciudad. En sus despachos se redactan hoy las leyes autonómicas de la metrópoli.

    La armonía entre la piedra parís de su fachada, sus mansardas de pizarra negra y el repicar solemne de su carrillón reflejan la aspiración de Buenos Aires de erigirse como la París del hemisferio sur.

    Avancemos por la calle Hipólito Yrigoyen hacia el Pasaje Roverano en la entrada a la Avenida de Mayo.

  7. 7. Pasaje Roverano y túnel histórico de la Línea A del Subte

    Avenida de Mayo 560, C1084 CABA, Argentina

    Ingresamos bajo las bóvedas acristaladas del Pasaje Roverano, una de las galerías peatonales comerciales techadas más añejas y aristocráticas de Buenos Aires. Construido originalmente en 1878 por los hermanos Ángel y Pascual Roverano para unir las calles Victoria y Defensa, el pasaje debió ser modificado radicalmente en 1894 cuando la apertura de la Avenida de Mayo cortó en dos la manzana, adaptando su fachada al flamante estilo art nouveau con vidrieras curvas y carpinterías de bronce brillante.

    Este pasaje ostenta un privilegio subterráneo absolutamente único en el continente: en su sótano se construyó una escalera curva privada que desciende directamente al andén de la estación Perú de la Línea A del subterráneo, permitiendo a los clientes acceder a los trenes sin salir a la intemperie.

    La Línea A, inaugurada el primero de diciembre de 1913 por la Compañía de Tranvías Anglo-Argentina, fue la primera red de trenes subterráneos de toda América Latina y el hemisferio sur, situando a Buenos Aires al nivel tecnológico de Londres, París y Nueva York. Durante un siglo entero, hasta 2013, los pasajeros viajaron en los legendarios coches belgas La Brugeoise con carrocerías de madera de teca barnizada, asientos de junco trenzado y ventanas de guillotina que crujían con nostalgia sobre los rieles. En los locales del pasaje todavía atienden sastrerías a medida, barberías tradicionales con sillones de cuero giratorios y filatelias donde los coleccionistas examinan estampillas centenarias bajo lupas de bronce. Los balcones interiores de hierro curvado y las lámparas colgantes de cristal opalino evocan los bulevares parisinos decimonónicos que inspiraron a los urbanistas porteños durante la gran expansión comercial de 1890.

    La atmósfera de intimidad burguesa y el tintineo de las tijeras en sus locales evocan la edad dorada comercial del cambio de siglo.

    Sigamos por la elegante Avenida de Mayo hacia la cuadra del ochocientos para tomar asiento en el legendario Café Tortoni.

  8. 8. Café Tortoni y tertulias literarias de la Agrupación de Gente de Artes

    Avenida de Mayo 825, C1084 CABA, Argentina

    Empujen las puertas de roble y cristal esmerilado para respirar la historia viva en el Café Tortoni, el café de tertulia más célebre, antiguo y venerado de Buenos Aires. Fundado en 1858 por un inmigrante francés de apellido Touan en las inmediaciones de la calle Rivadavia y trasladado a este emplazamiento definitivo en 1898 con la apertura de la Avenida de Mayo, el Tortoni debe su nombre al célebre café parisino del bulevar de los Italianos.

    Observen su suntuoso interior decimonónico: mesas con tableros de mármol blanco de Carrara sobre patas de hierro forjado negro, revestimientos de madera de cedro lustrada, majestuosas columnas estucadas y deslumbrantes vidrieras francesas de colores en el lucernario que bañan de luz dorada el salón.

    Entre 1926 y 1943, en la bodega subterránea llamada La Peña, el pintor Quinquela Martín, el poeta Alfonsina Storni y el músico Juan de Dios Filiberto animaron las tertulias artísticas más memorables de la cultura sudamericana. En sus butacas de cuero se acodaron maestros de la talla de Jorge Luis Borges, Carlos Gardel, Federico García Lorca, Luigi Pirandello y Albert Einstein mientras disfrutaban de un chocolate caliente con churros crujientes recién fritos. El tango vibra con naturalidad entre estas paredes: en su escenario íntimo continúan ofreciéndose recitales de música porteña donde bandoneones y guitarras arrancan lágrimas a visitantes de todo el mundo. El Tortoni fue distinguido oficialmente como Café Notable y Monumento Histórico de la metrópoli. En los anaqueles vidriados de su sala de billar se exhiben tacas de marfil, viejos libros de visitas con dedicatorias manuscritas de embajadores ilustres y fotografías sepia de orquestas típicas de principios del siglo veinte.

    Sentarse ante una taza humeante de café cortado bajo el tic-tac de sus relojes de péndulo es palpar la melancolía filosófica que define el alma íntima del habitante de Buenos Aires.

    Prosigamos hacia el oeste por la ancha Avenida de Mayo hacia la cuadra del mil trescientos para admirar el Hotel Castelar.

  9. 9. Hotel Castelar y memoria de Federico García Lorca en Avenida de Mayo

    Avenida de Mayo 1152, C1085 CABA, Argentina

    Nos encontramos ante la imponente fachada del histórico Hotel Castelar, un icono de la hotelería aristocrática inaugurado en 1928 con el nombre original de Hotel Excelsior, proyectado por el arquitecto italiano Mario Palanti. Con sus catorce plantas de altura sobre la señorial Avenida de Mayo, el edificio fue concebido como un rascacielos de comodidades modernas para viajeros distinguidos de Europa y América.

    Este solar encierra un capítulo glorioso de las letras hispanas: entre octubre de 1933 y marzo de 1934, en la habitación número 704 del séptimo piso, residió el inmortal poeta y dramaturgo andaluz Federico García Lorca durante su prolongada y triunfal estancia en Buenos Aires.

    Lorca llegó a la ciudad para el estreno de su obra teatral Bodas de sangre protagonizada por Lola Membrives en el vecino Teatro Avenida. El éxito fue tan colosal que la pieza superó las cien funciones consecutivas, consagrando a Lorca como una auténtica celebridad popular aclamada en las calles. Desde su habitación con balcón hacia la avenida, Federico escribía cartas entusiastas a su familia en Granada describiendo a Buenos Aires como una ciudad inmensa, luminosa y deslumbrante donde el pueblo vivía el teatro con devoción apasionada. En el sótano del hotel funcionaban los baños turcos y una peña donde Lorca pasaba madrugadas enteras tocando el piano, cantando coplas gitanas y departiendo con el poeta chileno Pablo Neruda. La habitación 704 fue conservada minuciosamente como museo con su cama de bronce original, su escritorio de madera y fotografías de la época. Lorca solía bajar a altas horas de la madrugada al vestíbulo para conversar apasionadamente con los camareros gallegos y asturianos, declarando que Buenos Aires tenía el mejor público teatral del mundo entero.

    La Avenida de Mayo fue el gran escenario hispánico donde Lorca experimentó la cumbre de su felicidad creadora antes de su trágico regreso a España.

    Avancemos solo una cuadra más hasta situarnos ante la colosal torre del Palacio Barolo.

  10. 10. Palacio Barolo y alegoría arquitectónica de la Divina Comedia de Dante

    Avenida de Mayo 1370, C1085 CABA, Argentina

    Levanten la mirada con asombro ante la torre colosal del Palacio Barolo, uno de los edificios más fascinantes, enigmáticos y deslumbrantes de todo el continente americano. Inaugurado en 1923 por encargo del acaudalado empresario textil italiano Luis Barolo y proyectado por el visionario arquitecto milanés Mario Palanti, este portento de hormigón armado de cien metros de altura fue durante varios años el rascacielos más elevado de América del Sur.

    Palanti concibió el edificio como una traducción arquitectónica exacta en piedra y metal de la Divina Comedia de Dante Alighieri: los cien metros de altura corresponden a los cien cantos del poema; las veintidós plantas replican las veintidós estrofas de cada verso; y la distribución vertical se divide estrictamente en Infierno, Purgatorio y Paraíso.

    En la planta baja y los sótanos, nueve bóvedas de crucería y dragones alados de bronce evocan los círculos infernales; los pisos intermedios representan las gradas de purificación del Purgatorio; y los pisos superiores con la esbelta torre culminan en el Paraíso celestial. En el vértice superior, a cien metros del suelo, se aloja un potente faro giratorio de trescientos mil bujías traído de Génova, diseñado por Palanti para cruzarse sobre las aguas del Río de la Plata con su edificio gemelo, el Palacio Salvo de Montevideo. Barolo y Palanti, devotos miembros de una logia dantesca, soñaban con trasladar las cenizas de Dante desde Rávena hasta esta torre porteña para protegerlas de futuras guerras europeas. Las gárgolas, las inscripciones en latín y los mármoles italianos crean una atmósfera cargada de misticismo y belleza estética sin igual. Las molduras perimetrales de bronce y las escaleras de mármol de Carrara reflejan la obsesión geométrica de Palanti, combinando símbolos alquímicos, logias medievales y la más avanzada tecnología constructiva italiana.

    La vista panorámica de 360 grados desde la cúpula del faro abarca el laberinto infinito de cúpulas porteñas fundiéndose con el horizonte del río.

    Sigamos hacia el oeste hacia la monumental explanada de la Plaza del Congreso.

  11. 11. Plaza del Congreso y Monumento a los Dos Congresos

    Plaza del Congreso, C1088 CABA, Argentina

    Ingresamos en la vasta explanada ajardinada de la Plaza del Congreso, un colosal pulmón cívico de tres manzanas contiguas inaugurado en 1910 con motivo de los fastos del Centenario de la Revolución de Mayo. El trazado paisajístico, concebido por el genial paisajista Carlos Thays, despejó decenas de antiguas viviendas para crear una imponente perspectiva cívica entre la Casa Rosada y el Parlamento nacional.

    En el centro de la plaza se destaca el Monumento a los Dos Congresos, una monumental fuente escultórica esculpida en piedra de Nancy y bronce por los artistas belgas Jules Lagae y Eugène D'Huicque en 1914.

    La colosal composición alegórica rinde homenaje a las dos asambleas fundacionales de la soberanía argentina: la Asamblea General Constituyente de 1813 que abolió la esclavitud y los títulos de nobleza, y el Congreso de Tucumán de 1816 que proclamó formalmente la independencia nacional. En lo alto de la plataforma, una imponente figura femenina de bronce representa a la República triunfal guiando una cuadriga de cuatro caballos fogosos sobre una proa marina, mientras las cascadas inferiores simbolizan los grandes ríos de la cuenca del Plata: el Paraná y el Uruguay. En los jardines circundantes se encuentra una fundición original en bronce de El Pensador de Auguste Rodin, adquirida directamente por el municipio en 1907. Junto al monumento se alza también el monolito del Kilómetro Cero, instalado en 1935 para señalar el origen radial de todas las carreteras y rutas nacionales de la República Argentina. Los canteros ajardinados conservan especies botánicas pampeanas y farolas ornamentales de hierro fundido de diseño francés que iluminan los senderos peatonales frente a los palacios que enmarcan la plaza.

    Sentir el rocío de sus fuentes mientras el viento agita las tipas y plátanos centenarios permite contemplar una de las panorámicas urbanas más grandiosas de la metrópoli.

    Acerquémonos a la imponente escalinata del Palacio del Congreso de la Nación Argentina.

  12. 12. Palacio del Congreso de la Nación Argentina y Confitería El Molino

    Avenida Rivadavia 1864, C1088 CABA, Argentina

    Concluimos nuestro recorrido cívico e histórico ante la majestuosa columnata del Palacio del Congreso de la Nación Argentina, sede bicameral del Senado y de la Cámara de Diputados de la república. Diseñado por el arquitecto italiano Vittorio Meano y completado bajo la supervisión de Julio Dormal en 1906, este edificio de piedra caliza grisácea representa la culminación monumental del eje cívico iniciado en la Plaza de Mayo.

    Su rasgo arquitectónico más imponente es la monumental cúpula de cobre verde de ochenta metros de altura y treinta mil toneladas de peso, una de las más grandes del planeta, coronada por una cuadriga de bronce triunfal modelada por el escultor Víctor de Pol que pesa veinte toneladas.

    En su interior, el Salón de los Pasos Perdidos, el recinto del Senado forrado en maderas nobles con su araña de bronce de doscientos focos y la Cámara de Diputados han sido el escenario donde se sancionaron leyes cruciales como el voto secreto universal de la Ley Sáenz Peña en 1912 y el voto femenino en 1947. En el Salón Azul del palacio, bajo el vértice exacto de la cúpula, una imponente araña de bronce de cinco metros de diámetro ilumina el mosaico central de mármol pulido. Cruzando la esquina de Callao y Rivadavia se levanta la deslumbrante Confitería El Molino, una obra cumbre del Art Nouveau inaugurada en 1916 por el arquitecto Francisco Gianotti. Con sus aspas de molino iluminadas con neón, sus vitrales multicolores con motivos florales y su pastelería vienesa legendaria, El Molino fue durante décadas el cuartel general de senadores y periodistas donde se cocinaban acuerdos políticos al calor de cafés y masas de hojaldre. Cuidadosamente restaurada en 2023 tras décadas de abandono, la confitería brilla nuevamente con todo su esplendor.

    La monumentalidad del parlamento dialogando con la fantasía modernista de El Molino resume la ambición y la pasión civil que palpitan en Buenos Aires.

    Disfruten del atardecer porteño frente a la cúpula iluminada del Congreso o degusten un tradicional café con medialunas.