Palermo Soho, pasajes bohemios y Bosques de Palermo: vanguardia y naturaleza porteña
De Plaza Serrano y los pasajes empedrados al Jardín Botánico, el Rosedal y el Planetario
Buenos Aires · 12 stops · 30 min audio · Generated
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1. Plaza Serrano y corazón bohemio del diseño en Palermo Soho
Honduras y Jorge Luis Borges, C1414 CABA, Argentina
Bienvenidos al distrito más creativo, bohemio y arbolado de Buenos Aires comenzando en el epicentro de Palermo Soho: la Plaza Serrano, bautizada oficialmente en 1994 como Plaza Julio Cortázar en homenaje al autor de Rayuela. Ubicada en la intersección circular de las calles Honduras y Jorge Luis Borges, esta plazoleta arbolada con adoquines concéntricos fue durante décadas una apacible plaza de barrio obrero rodeada de talleres mecánicos y almacenes de ramos generales antes de su deslumbrante mutación contemporánea.
A finales de la década de 1990, una vibrante oleada de diseñadores de indumentaria independientes, orfebres, ceramistas y artistas plásticos ocuparon las antiguas casonas de inmigrantes para abrir tiendas de autor, rebautizando el sector como Palermo Soho en alusión a los distritos creativos de Nueva York y Londres.
Cada sábado y domingo, la plaza y los bares que la rodean se transforman en una feria de diseño independiente al aire libre: los parroquianos toman café con leche en mesas sobre la calle mientras en el interior de las tabernas los percheros exhiben prendas de vanguardia, carteras de cuero crudo y joyas de plata contemporáneas. Los muros de las esquinas están tapizados de murales de arte urbano de gran formato pintados por colectivos artísticos de renombre mundial, alternando grafitis poéticos con homenajes a Borges y Cortázar. Por las noches, la plaza se convierte en una fiesta cosmopolita de cervecerías artesanales, terrazas iluminadas con guirnaldas de luces cálidas y música en vivo que atrae a jóvenes de todos los continentes. Muy cerca de aquí, en la calle Serrano 2135, creció el mismísimo Jorge Luis Borges, quien inmortalizó en sus poemas juveniles las casas bajas de Palermo.
La atmósfera relajada bajo la sombra de las tipas y plátanos combina la calidez vecinal de antaño con la vanguardia estética más seductora de la metrópoli.
Adentrémonos por la calle Jorge Luis Borges hacia el pintoresco y adoquinado Pasaje Russell.
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2. Pasaje Russell y callejón empedrado con murales de arte urbano
Pasaje Russell y Gurruchaga, C1414 CABA, Argentina
Doblamos por el Pasaje Russell, un pasaje íntimo y empedrado de dos cuadras trazado en forma de ele que constituye uno de los rincones más fotogénicos y entrañables de Palermo Viejo. Abierto a comienzos del siglo veinte para comunicar las quintas hortícolas con los primitivos caminos de carretas, el pasaje debe su nombre al marino británico John Russell, veterano de las guerras coloniales del siglo diecinueve.
Caminar por sus adoquines es ingresar en un oasis de silencio a escasos metros del bullicio comercial: casas de una sola planta con puertas de cedro, postigos de madera pintados de verde manzana, faroles coloniales de pared y glicinas perfumadas que caen en cascadas lilas sobre los muros.
El rasgo distintivo que consagró al Pasaje Russell en el circuito artístico internacional es su condición de galería viva de street art: sobre las fachadas de ladrillo visto y revoques descascarados, destacados muralistas argentinos e internacionales han pintado obras de arte urbano conmovedoras. Destacan retratos hiperrealistas de niños del interior del país, figuras mitológicas andinas, citas poéticas y animales pampeanos ejecutados con técnicas mixtas de aerosol, plantillas y pintura al temple. En varias de sus antiguas viviendas tipo chorizo funcionan estudios de tatuajes artísticos, talleres de cerámica esmaltada a mano y tiendas secretas de libros de poesía independiente donde los dueños convidan café de cortesía a los paseantes. Las veredas estrechas no permiten el tránsito vehicular veloz, lo que preserva una atmósfera de aldea detenida en el tiempo donde los gatos duermen al sol sobre los capós de viejos automóviles clásicos. Los adoquines centenarios de granito gris y las enredaderas de jazmines que trepan por las farolas coloniales aportan una deliciosa frescura botánica que amortigua el bullicio de las avenidas vecinas.
La combinación entre la arquitectura doméstica humilde de principios del siglo veinte y la audacia visual del muralismo contemporáneo convierte a este pasaje en pura magia porteña.
Sigamos hacia la calle Thames para ingresar al contiguo y señorial Pasaje Santa Rosa.
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3. Pasaje Santa Rosa y casonas centenarias recicladas de Palermo Viejo
Pasaje Santa Rosa y Thames, C1414 CABA, Argentina
Llegamos a la atmósfera recogida del Pasaje Santa Rosa, una joya urbana de apenas ciento veinte metros de extensión entre las calles Thames y Gurruchaga. Trazado hacia 1890 en el corazón del primitivo Palermo Viejo, este callejón residencial fue concebido para alojar a familias de artesanos, ebanistas y albañiles italianos y criollos que trabajaban en la construcción de los grandes parques y avenidas de la capital.
Las viviendas que lo enmarcan exhiben la típica tipología de la casa chorizo porteña: una sucesión lineal de habitaciones conectadas entre sí que se abren a una galería exterior techada con baldosas criollas, con patios interiores donde no faltan el jazmín del país, los limoneros y los aljibes de mármol.
El pasaje ha sabido preservar su identidad vecinal intacta mientras sus interiores se reciclaron con refinamiento estético: en las antiguas salas de techos de cuatro metros con vigas de pino tea funcionan hoy estudios de arquitectura sustentable, talleres de restauración de muebles antiguos, joyerías contemporáneas y pequeños bistrós gastronómicos donde los cocineros elaboran platos de estación con ingredientes orgánicos de la huerta pampeana. Al cruzar el empedrado se aprecian todavía las viejas argollas de hierro forjado empotradas en los cordones de la vereda, donde los antiguos lecheros y panaderos ataban las riendas de sus caballos mientras hacían el reparto matutino. Durante las noches estivales, los vecinos sacan sillas de mimbre a la vereda para charlar bajo la brisa fresca mientras el aroma a jazmines perfuma el callejón. En los patios traseros florecen glicinas, higueras y laureles de flor plantados por las primeras familias de albañiles ligures que levantaron los cimientos de este rincón íntimo de la ciudad.
Estar en el Pasaje Santa Rosa es constatar cómo el patrimonio residencial popular puede renacer con dignidad sin perder su memoria afectiva comunitaria.
Caminemos hacia el noreste cruzando la calle Charcas hacia la arboleda de Plaza Unidad Latinoamericana.
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4. Plaza Unidad Latinoamericana y arboleda serena de las tipas porteñas
Charcas y El Salvador, C1425 CABA, Argentina
Ingresamos en la acogedora arboleda de la Plaza Unidad Latinoamericana, conocida popularmente en el vecindario como la Plaza de Charcas, delimitada por las calles Charcas, El Salvador, Medrano y Costa Rica. Esta manzana arbolada de una hectárea completa constituye un delicioso remanso de serenidad vecinal que marca la transición geográfica entre el bullicio bohemio de Palermo Soho y la elegancia residencial de Palermo Botánico.
La plaza destaca por su magnífico dosel vegetal de tipas centenarias—Tipuana tipu—traídas de las yungas del noroeste argentino por el paisajista Carlos Thays, cuyas ramas majestuosas se entrelazan sobre los senderos formando una bóveda verde que en diciembre se tiñe de un amarillo deslumbrante al caer sus flores.
El espacio cuenta con una rica historia educativa y comunitaria: en uno de sus vértices se encuentra la histórica Escuela Pública Provincia de Mendoza, inaugurada a comienzos del siglo veinte con arquitectura escolar palaciega. La plaza fue remodelada con criterios ecológicos modernos, incorporando un circuito aeróbico con postas de ejercicios físicos para la tercera edad, caniles seguros para mascotas y un área de juegos infantiles con pisos de caucho amortiguador y calesitas tradicionales donde los niños meriendan medialunas con chocolatada a la salida de las clases. En el centro de la plaza se yergue un monumento alegórico que rinde homenaje a la hermandad de las naciones de América Latina, decorado con banderas y relieves cívicos. Por las tardes, los bancos de madera se llenan de estudiantes universitarios leyendo novelas y vecinos que pasean bajo la sombra fresca de los jacarandás. Durante los fines de semana, grupos de vecinos se reúnen bajo los árboles para practicar taichi y yoga al aire libre, aprovechando la paz vegetal que reina en esta hermosa manzana palermitana.
Respirar la calma de sus senderos bajo la lluvia dorada de las flores de tipa es experimentar el ritmo de vida pausado y familiar de los barrios porteños tradicionales.
Sigamos hacia la avenida Santa Fe para ingresar al histórico Jardín Botánico Carlos Thays.
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5. Invernadero Art Nouveau del Jardín Botánico Carlos Thays de 1898
Avenida Santa Fe 3951, C1425 CABA, Argentina
Franqueamos el portal de hierro de la avenida Santa Fe para adentrarnos en las ocho hectáreas de verdor sagrado del Jardín Botánico Carlos Thays de la Ciudad de Buenos Aires. Inaugurado el 7 de septiembre de 1898 tras seis años de diseño minucioso por el ilustre paisajista franco-argentino Carlos Thays, este santuario botánico fue concebido como un centro de investigación científica, aclimatación vegetal y museo botánico vivo en medio de la creciente metrópoli.
En el centro del predio se destaca el soberbio Invernadero Principal, una joya monumental de hierro fundido y cristal Art Nouveau de treinta y cinco metros de largo fabricada en Francia, premiada en la Exposición Universal de París de 1889 y transportada por piezas marítimas a Buenos Aires en 1897.
El invernáculo aloja en su microclima cálido más de dos mil quinientas especies tropicales y subtropicales de los cinco continentes: helechos arbóreos prehistóricos, orquídeas epífitas de colores exóticos, bromelias carnívoras y palmeras selváticas. El Botánico está dividido rigurosamente en tres sectores fitogeográficos según el diseño de Thays: el jardín romano con cipreses y laureles de corte clásico; el jardín francés con parterres geométricos y esculturas de mármol; y el majestuoso jardín oriental con ginkgos bilobas y bambúes. Además, reúne más de cinco mil árboles de todas las regiones biogeográficas argentinas, desde araucarias patagónicas hasta quebrachos del Chaco. En la casona inglesa de ladrillos rojizos de 1881 funcionó la vivienda familiar de Carlos Thays y hoy opera la biblioteca botánica con herbarios históricos. En 1996 fue declarado Monumento Histórico Nacional. En los senderos de grava roja se aprecian esculturas de mármol de Carrara como La Primavera de Ondine y el monumento alegórico al botánico Carlos Thays esculpido por el maestro argentino Leone Tommasi.
Caminar entre sus senderos en penumbra arrullados por el trino de las aves silvestres es sumergirse en una enciclopedia viva de la botánica mundial.
Salgamos hacia Plaza Italia sobre la avenida Santa Fe.
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6. Plaza Italia y Monumento al general Giuseppe Garibaldi de 1904
Plaza Italia, Avenida Santa Fe 4100, C1425 CABA, Argentina
Nos encontramos en el centro neurálgico de Plaza Italia, uno de los nudos cívicos y de transporte urbano más transitados y efervescentes de Buenos Aires. Trazada a finales del siglo diecinueve en la intersección de las avenidas Santa Fe, Las Heras y Sarmiento, la plaza fue bautizada originalmente como Plaza de los Portones debido a los monumentales portones de hierro que daban acceso al Parque Tres de Febrero, adoptando su nombre definitivo en 1904 en homenaje a la comunidad italiana que pobló masivamente la nación.
En el centro de la rotonda se yergue la imponente estatua ecuestre de bronce del general Giuseppe Garibaldi, inaugurada el 19 de junio de 1904 con la presencia del presidente Julio Argentino Roca y del expresidente Bartolomé Mitre ante más de cuarenta mil espectadores.
Esculpida en Italia por el prestigioso artista italiano Eugenio Maccagnani como réplica exacta de la estatua erigida en Brescia, el monumento retrata a Garibaldi en actitud serena sobre su caballo de combate, coronando un zócalo de granito rojo pulido flanqueado por dos figuras alegóricas de mármol que representan la Libertad y la Victoria. A escasos metros del monumento descansa un auténtico fragmento de calzada romana de piedra del Foro Imperial de Roma donado por el municipio romano en 1909. Esta plaza es también un hito en la historia del transporte público: el 22 de abril de 1897 partió desde aquí el primer tranvía eléctrico de Buenos Aires, conectando Palermo con el centro de la ciudad. A su alrededor se ubican las entradas a la Exposición Rural y los andenes de la estación Plaza Italia de la Línea D del Subte inaugurada en 1940.
La energía frenética de los colectivos y transeúntes girando en torno al bronce de Garibaldi sintetiza el pulso vital inagotable de la metrópoli.
Crucemos hacia la avenida Sarmiento para admirar el pórtico monumental del Ecoparque de Buenos Aires.
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7. Ecoparque de Buenos Aires y pabellones victorianos de conservación faunística
Avenida Sarmiento y Las Heras, C1425 CABA, Argentina
Franqueamos el majestuoso pórtico de entrada de estilo grecorromano del Ecoparque de Buenos Aires, inaugurado en 1888 como el primitivo Jardín Zoológico de Buenos Aires por iniciativa del presidente Domingo Faustino Sarmiento y su primer director, el naturalista Eduardo Ladislao Holmberg. Con sus dieciocho hectáreas arboladas, este predio histórico fue concebido a finales del siglo diecinueve no solo como paseo público, sino como un zoológico victoriano de prestigio mundial dotado de pabellones temáticos únicos que replicaban la arquitectura vernácula de las regiones de origen de cada especie animal.
Diseminados entre lagos y senderos se conservan más de cuarenta edificios y pabellones declarados Monumento Histórico Nacional: el palacete morisco, el templo hindú de los elefantes con bajorrelieves dorados, el chalet normando y el templo romano de los leones.
En 2016, tras una profunda toma de conciencia ciudadana sobre los derechos de los animales, el gobierno de la ciudad clausuró definitivamente el modelo de exhibición zoológica comercial, transformando el predio en un moderno ecoparque público gratuito dedicado exclusivamente al rescate, rehabilitación y liberación de fauna silvestre autóctona, educación ambiental y reproducción de especies amenazadas como el cóndor andino, el yaguareté y el ciervo de los pantanos. Miles de animales exóticos fueron trasladados a santuarios naturales de todo el mundo, mientras que los senderos ajardinados se abrieron para paseos peatonales donde los visitantes caminan entre pavos reales sueltos, carpinchos, coipos y tortugas que habitan libremente en los estanques restaurados sin rejas. El hospital veterinario de vanguardia instalado en el parque atiende animales silvestres heridos rescatados del tráfico ilegal, devolviéndolos a sus hábitats naturales en reservas protegidas de todo el territorio nacional.
La metamorfosis de este espacio desde el confinamiento victoriano hacia un santuario de respeto ecológico es un testimonio inspirador de madurez civil.
Sigamos por la avenida Sarmiento hacia la monumental rotonda de Libertador para admirar el Monumento de los Españoles.
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8. Monumento de los Españoles y mármoles de La Carta Magna de 1910
Avenida del Libertador y Avenida Sarmiento, C1425 CABA, Argentina
Llegamos ante la imponente mole piramidal del Monumento a La Carta Magna y las Cuatro Regiones Argentinas, universalmente conocido por todos los porteños como el Monumento de los Españoles. Emplazado en la intersección de las monumentales avenidas del Libertador y Sarmiento, este coloso de veinticuatro metros y medio de altura en mármol blanco de Carrara y bronce fue el regalo apoteósico de la colectividad española residente en el país para conmemorar el Centenario de la Revolución de Mayo de 1910.
La construcción del monumento estuvo signada por una cadena insólita de tragedias marítimas: su escultor original, el español Agustín Querol, falleció en 1909 tras concluir los bocetos; su sucesor Cipriano Folgueras murió al poco tiempo; y en marzo de 1916, el transatlántico Príncipe de Asturias naufragó frente a las costas de Brasil transportando los bronces originales a las profundidades del mar.
Hubo que fundir nuevamente las esculturas en talleres de Madrid y Barcelona, inaugurándose la obra recién en mayo de 1927 con la presencia del presidente Marcelo Torcuato de Alvear. En la cúspide se alza una majestuosa figura femenina de mármol que personifica a la República Argentina sosteniendo las tablas de la Constitución de 1853, rodeada por alegorías de la Virtud, el Trabajo y la Justicia. En la base escalonada, rodeada por una fuente monumental de anillos de agua, cuatro grupos escultóricos de bronce representan a las cuatro grandes regiones geográficas de la nación: Los Andes con sus cumbres escarpadas, El Río de la Plata con sus corrientes caudalosas, La Pampa con sus praderas fértiles y El Chaco con sus bosques tupidos. En la cara este, una solemne inscripción en bronce proclama: Uno mismo, el idioma.
La blancura resplandeciente de sus mármoles recortándose contra las copas de los bosques de Palermo es un símbolo imperecedero de la hermandad hispano-argentina.
Sigamos hacia el noroeste por Sarmiento para ingresar al bellísimo Paseo del Rosedal de Palermo.
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9. Paseo del Rosedal de Palermo y rosaleda centenaria de Benito Carrasco
Avenida Infanta Isabel, Parque Tres de Febrero, C1425 CABA, Argentina
Franqueamos el umbral del Paseo del Rosedal de Palermo, el corazón más romántico, perfumado y admirado de todo el Parque Tres de Febrero. Diseñado e inaugurado el 24 de noviembre de 1914 por el prestigioso ingeniero agrónomo y paisajista argentino Benito Carrasco—discípulo dilecto y sucesor de Carlos Thays como Director de Parques y Paseos de la ciudad—, este jardín de cuatro hectáreas fue concebido con el sueño de regalarle a los porteños una rosaleda pública que superara en variedad y esplendor a los jardines de rosas de París y Madrid.
El Rosedal atesora más de dieciocho mil ejemplares de rosales que representan a casi un centenar de variedades botánicas diferentes, que florecen en un estallido cromático deslumbrante entre octubre y diciembre.
El diseño paisajístico combina armoniosamente pérgolas semicirculares de madera con columnas clásicas recubiertas de rosas trepadoras, glorietas con bancos de hierro forjado, un lago central con cisnes y una elegante glorieta de estilo andaluz donada por la ciudad de Sevilla en 1929 con azulejos esmaltados a mano. En el sector sur del jardín se extiende el conmovedor Jardín de los Poetas, un sendero sinuoso sombreado por sauces llorones donde se alzan veintiséis bustos de bronce y mármol de grandes maestros de la literatura universal: William Shakespeare, Dante Alighieri, Federico García Lorca, Jorge Luis Borges, Alfonsina Storni, Miguel de Cervantes y Antonio Machado. En 2012, el Rosedal fue galardonado internacionalmente con el prestigioso premio Garden of Excellence otorgado por la Federación Mundial de Sociedades de la Rosa. Las glorietas enrejadas están cubiertas de rosas trepadoras de variedades centenarias como Pierre de Ronsard y Banksiae, cuyos capullos llenan el aire de fragancias almizcladas y dulces desde comienzos de la primavera.
El aroma embriagador de miles de rosas flotando en la brisa mientras las parejas pasean bajo las pérgolas floridas es la experiencia más romántica y luminosa de Palermo.
Caminemos hacia el Lago de Regatas para cruzar el pintoresco Puente Blanco de los Enamorados.
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10. Puente Blanco de los Enamorados y Lago del Parque Tres de Febrero
Lago del Rosedal, Parque Tres de Febrero, C1425 CABA, Argentina
Nos situamos sobre la suave curvatura de tablones de madera del Puente Blanco de los Enamorados, una de las estructuras paisajísticas más queridas, románticas y fotografiadas de Buenos Aires. Construido en 1914 como parte integral del diseño original del Rosedal por Benito Carrasco, este gracioso puente peatonal de madera lacada en blanco y diseño helénico cruza una de las ensenadas del lago artificial del Parque Tres de Febrero, uniendo la rosaleda con las praderas exteriores.
La tradición amorosa porteña sostiene que las parejas que cruzan el puente tomadas de la mano y se besan exactamente sobre el punto más alto del arco quedan unidas por un amor eterno y bienaventurado.
Desde su barandilla se contempla una vista idílica de las aguas tranquilas del lago, donde familias y enamorados navegan en pequeños botes de remos y botes a pedal con forma de cisne que se alquilan en el embarcadero vecino. El lago alberga una rica avifauna urbana: bajo las ramas colgantes de los sauces llorones nadan patos criollos, cisnes de cuello negro autóctonos, gansos blancos, biguás pescadores y garzas blancas que anidan en las islas arboladas centrales. El Parque Tres de Febrero fue inaugurado formalmente el 11 de noviembre de 1875 por el presidente Nicolás Avellaneda sobre las antiguas tierras de la estancia particular del gobernador Juan Manuel de Rosas, conmemorando en su nombre la batalla de Caseros del 3 de febrero de 1852 que puso fin al régimen rosista. En sus orillas florecen lirios de agua amarillos e iris palustres que se mecen con el oleaje suave.
Detenerse en el centro del puente mientras los botes se deslizan silenciosos sobre el agua dorada por el sol poniente es suspender el tiempo en una postal bucólica inolvidable.
Sigamos por el sendero ribereño del lago hacia el Museo de Artes Plásticas Eduardo Sívori.
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11. Museo de Artes Plásticas Eduardo Sívori frente al espejo de agua
Avenida Infanta Isabel 555, C1425 CABA, Argentina
Llegamos ante la luminosa fachada del Museo de Artes Plásticas Eduardo Sívori, emplazado en la avenida Infanta Isabel 555 frente a las aguas del lago de Palermo. Fundado en 1938 con el propósito expreso de custodiar, difundir y promover exclusivamente el patrimonio de las artes visuales producidas por artistas argentinos, el museo debe su nombre al maestro Eduardo Sívori, pionero insigne de la pintura realista y el naturalismo en el país.
El edificio ocupa una antigua casona señorial de comienzos del siglo veinte con amplios ventanales orientados hacia el parque, reformada en 1995 para incorporar salas modernas de exposición climatizadas y un magnífico jardín de esculturas al aire libre.
El museo alberga un patrimonio de más de cuatro mil obras que documentan las corrientes más sobresalientes del arte plástico argentino desde el siglo diecinueve hasta el presente: óleos costumbristas de Prilidiano Pueyrredón, paisajes luminosos de Fernando Fader, grabados expresionistas de Pompeyo Audivert, collages de Antonio Berni y esculturas de vanguardia de Libero Badii y Enio Iommi. Su Jardín de Esculturas, integrado armónicamente con la vegetación del parque, permite pasear entre piezas monumentales de bronce, mármol y hierro forjado creadas por maestros escultores argentinos como Fioravanti, Curatella Manes y Hernán Cullen Ayerza. El museo es la sede histórica anual del prestigioso Salón de Artes Plásticas Manuel Belgrano, uno de los certámenes con mayor tradición del país donde se premian las mejores obras de pintura, dibujo, grabado y escultura contemporánea. La confitería y terraza del museo ofrece vistas panorámicas sobre el lago donde nadan los cisnes, permitiendo disfrutar de pastelería artesanal y café mientras se contemplan las esculturas de bronce del jardín.
La combinación entre el jardín de esculturas bañado por la brisa del lago y la pinacoteca nacional convierte a este museo en un remanso de belleza plástica en los bosques porteños.
Caminemos hacia la avenida Sarmiento para concluir nuestro viaje ante la futurista cúpula del Planetario Galileo Galilei.
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12. Planetario Galileo Galilei y cúpula geodésica futurista en el parque
Avenida Sarmiento y Belisario Roldán, C1425 CABA, Argentina
Concluimos nuestro recorrido a través de la bohemia, los parques centenarios y la naturaleza de Buenos Aires ante la deslumbrante silueta espacial del Planetario Galileo Galilei. Proyectado en 1962 por el talentoso arquitecto argentino Enrique Jan e inaugurado formalmente el 20 de diciembre de 1966 con su primera función astronómica para estudiantes, este edificio es un icono indiscutible del futurismo arquitectónico y el diseño estructural en América del Sur.
Jan se inspiró en la geometría de un tetraedro y en la forma de un platillo volador posándose sobre la tierra: el edificio se compone de una esfera geodésica de veinte metros de diámetro suspendida en el aire sostenida por tres colosales arcos de hormigón armado sobre un lago artificial circundante.
En su sala circular central, bajo una bóveda semiesférica recubierta con planchas de aluminio pulido, un colosal proyector optomecánico de tecnología alemana Carl Zeiss reproduce con exactitud astronómica la bóveda celeste, mostrando casi nueve mil estrellas, constelaciones y planetas en movimiento continuo para doscientos cincuenta espectadores reclinados en cómodas butacas. En el piso de entrada se exhibe un auténtico meteorito metálico de más de cuatro toneladas hallado en el yacimiento Campo del Cielo en la provincia del Chaco, caído a la Tierra hace más de cuatro mil años. Tras una completa modernización digital en 2017, la cúpula exterior está recubierta por trescientos cincuenta proyectores LED programables que crean un espectáculo nocturno de luces sincronizadas con música espacial. En sus jardines descansan rocas lunares y fósiles de amonites marinos prehistóricos.
Contemplar el Planetario iluminado de azul y violeta reflejándose en las aguas del lago bajo el cielo nocturno porteño es un viaje mágico que une las raíces de la tierra pampeana con el infinito del cosmos.
Los Bosques de Palermo despiden así nuestro viaje con su combinación perfecta de ciencia, poesía y naturaleza viva en el corazón de Buenos Aires.