Palais Lobkowitz: el salón de la Heroica
Why is it significant?
Delante de ti se alza un palacio barroco de fachada clara y portada monumental, construido a finales del siglo diecisiete, cuando Viena acababa de sobrevivir al asedio turco de 1683.
Key Facts
| Place | Palais Lobkowitz: el salón de la Heroica |
|---|---|
| Address | Lobkowitzplatz 2, 1010 Wien, Austria |
| Geo Coordinates | 48.20560, 16.36840 |
| Part of Walk | Viena suena: tras los pasos de Mozart, Beethoven y Strauss |
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Delante de ti se alza un palacio barroco de fachada clara y portada monumental, construido a finales del siglo diecisiete, cuando Viena acababa de sobrevivir al asedio turco de 1683. Hoy alberga el Museo del Teatro, pero su nombre sigue siendo el de la familia que lo habitó durante generaciones: los príncipes Lobkowitz, una de las grandes casas de la nobleza bohemia.
A comienzos del siglo diecinueve, el dueño era Franz Joseph Maximilian von Lobkowitz, un príncipe que cantaba, tocaba el violín y tenía orquesta propia. Y tenía un protegido difícil, desaliñado y genial: Ludwig van Beethoven. En 1804, en el gran salón de este palacio, que hoy se llama Sala Eroica, la orquesta del príncipe ensayó y tocó por primera vez la Tercera Sinfonía.
Imagina la sorpresa de los invitados. Una sinfonía de casi cincuenta minutos cuando lo normal era la mitad, con un primer movimiento lleno de choques y disonancias, y una marcha fúnebre en el centro. Nada había sonado así antes. Muchos historiadores sitúan en esa sala el momento en que la música entra en el Romanticismo.
La obra iba a llevar otro título. Beethoven había pensado dedicarla a Napoleón Bonaparte, el héroe que parecía traer libertad. Según contó su alumno Ferdinand Ries, cuando supo que Napoleón se había coronado emperador, montó en cólera y tachó el nombre. En una copia que se conserva en Viena, el título está raspado con tanta rabia que el papel tiene un agujero. La sinfonía se quedó en Heroica, compuesta para celebrar el recuerdo de un gran hombre, y la dedicatoria fue para el príncipe Lobkowitz.
El mecenazgo no fue solo de salón. En 1809 Lobkowitz, el archiduque Rodolfo y el príncipe Kinsky firmaron con Beethoven una renta anual para que no aceptara un puesto fuera de Viena. Años después el príncipe se arruinó, en parte por su generosidad con la música. Ahora camina hacia el este, cruzando de nuevo Kärntner Straße hasta Seilerstätte, donde un director de orquesta fundó la Filarmónica de Viena.