Hotel Sacher y la guerra de la Sachertorte
Why is it significant?
Frente a ti, detrás de la Ópera, se alza un hotel de fachada elegante con toldos rojos y porteros de librea.
Key Facts
| Place | Hotel Sacher y la guerra de la Sachertorte |
|---|---|
| Address | Philharmonikerstraße 4, 1010 Wien, Austria |
| Geo Coordinates | 48.20400, 16.36980 |
| Part of Walk | Viena a sorbos y bocados: cafés históricos, Sachertorte y Naschmarkt |
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Frente a ti, detrás de la Ópera, se alza un hotel de fachada elegante con toldos rojos y porteros de librea. Es el Hotel Sacher, y casi todo el mundo que pasa por aquí viene por una sola cosa: una porción de tarta de chocolate con mermelada de albaricoque, glaseado brillante y una nube de nata sin azúcar al lado.
La historia empieza en 1832. El príncipe Metternich, el hombre más poderoso de Europa, pidió un postre especial para sus invitados, y el jefe de cocina estaba enfermo. El encargo cayó en un aprendiz de dieciséis años, Franz Sacher, que improvisó una tarta de chocolate. Su hijo Eduard abrió este hotel en 1876, en el solar del antiguo teatro donde Beethoven había estrenado su Novena Sinfonía.
El hotel tuvo una dueña legendaria, Anna Sacher, viuda de Eduard, que lo dirigió durante décadas fumando puros y rodeada de bulldogs franceses. En sus reservados cenaban archiduques y aristócratas con compañías que no convenía mostrar en público, y ella sabía guardar todos los secretos.
Y entonces llegó la guerra de la tarta. Un nieto de Franz, Eduard, trabajó después en Demel y la pastelería empezó a vender una Sachertorte con su firma. El hotel la llevó a los tribunales en los años cincuenta, y el pleito no terminó hasta 1963, con un acuerdo: el hotel se quedó con el nombre de Original Sacher-Torte y su sello redondo de chocolate; Demel, con el de Eduard-Sacher-Torte y un sello triangular. La diferencia en la boca: la del hotel lleva mermelada también en el centro; la de Demel, solo bajo el glaseado.
Los vieneses llevan desde entonces discutiendo cuál es mejor, y la única forma honesta de opinar es probar las dos. Un consejo: nunca rechaces la nata. No es decoración, es la mitad del equilibrio de la tarta. Ahora rodea la Ópera por detrás, cruza el Ring y sigue por Operngasse hasta la esquina donde un arquitecto declaró la guerra al adorno.