Musikverein: la Sala Dorada
Why is it significant?
Detente frente a este edificio de color terracota y crema, con columnas, ventanas en arco y estatuas sobre la cornisa, como un templo griego que se hubiera dedicado a Apolo y a las musas. Es el Musikverein, la casa de la Sociedad de Amigos de la Música de Viena, fundada en 1812.
Key Facts
| Place | Musikverein: la Sala Dorada |
|---|---|
| Address | Musikvereinsplatz 1, 1010 Wien, Austria |
| Geo Coordinates | 48.20050, 16.37270 |
| Part of Walk | Viena suena: tras los pasos de Mozart, Beethoven y Strauss |
| Generated | Generated |
Detente frente a este edificio de color terracota y crema, con columnas, ventanas en arco y estatuas sobre la cornisa, como un templo griego que se hubiera dedicado a Apolo y a las musas. Es el Musikverein, la casa de la Sociedad de Amigos de la Música de Viena, fundada en 1812. Lo diseñó el arquitecto danés Theophil Hansen, y se inauguró el 6 de enero de 1870, en un terreno cedido por el emperador Francisco José.
Dentro está la Sala Dorada, quizá la sala de conciertos más famosa del mundo. Es una caja de zapatos larga y alta, con unas mil setecientas butacas y sitio para unos trescientos espectadores de pie, columnas en forma de mujeres doradas y un techo pintado. Hansen no tenía fórmulas de acústica, y aun así acertó: madera, yeso, un suelo que vibra y proporciones justas hacen que cada pianísimo llegue hasta la última fila.
Por esta casa pasaron todos. Brahms fue director artístico de la Sociedad en los años setenta del siglo diecinueve, y aquí se estrenaron obras de Bruckner, Mahler y del propio Brahms. El archivo de la Sociedad guarda manuscritos y documentos de Beethoven, Schubert y Mozart, un tesoro que pocos visitantes imaginan detrás de las paredes.
Y cada 1 de enero, desde aquí, la Filarmónica toca valses y polcas de la familia Strauss para millones de personas por televisión. Hay que contar su origen con honestidad: el primer concierto de esta serie se dio el 31 de diciembre de 1939, en plena época nazi y con fines de propaganda y recaudación. Desde 1941 se celebra el día de Año Nuevo, y después de la guerra se convirtió en otra cosa, un ritual de alegría compartida.
Al final llega siempre lo mismo: El Danubio azul, interrumpido por las felicitaciones de la orquesta, y la Marcha Radetzky, que el público acompaña con palmas siguiendo los gestos del director. En la sala, por cierto, el ensayo es casi tan codiciado como el concierto. Ahora camina hacia el este por Lothringerstraße, pasando junto al Beethoven de bronce sentado en su plaza, hasta el Konzerthaus.