Café Hawelka: bohemia y Buchteln
Why is it significant?
Asómate a la puerta del número 6 de Dorotheergasse y deja que los ojos se acostumbren a la penumbra: paredes oscurecidas por décadas de humo, carteles de exposiciones pegados unos sobre otros, sofás gastados y mesas tan juntas que acabas compartiendo conversación.
Key Facts
| Place | Café Hawelka: bohemia y Buchteln |
|---|---|
| Address | Dorotheergasse 6, 1010 Wien, Austria |
| Geo Coordinates | 48.20800, 16.36980 |
| Part of Walk | Viena a sorbos y bocados: cafés históricos, Sachertorte y Naschmarkt |
| Generated | Generated |
Asómate a la puerta del número 6 de Dorotheergasse y deja que los ojos se acostumbren a la penumbra: paredes oscurecidas por décadas de humo, carteles de exposiciones pegados unos sobre otros, sofás gastados y mesas tan juntas que acabas compartiendo conversación. Es el Café Hawelka, y aquí la decoración no se renueva: se acumula.
Leopold y Josefine Hawelka se hicieron cargo del local en 1939. Pocos meses después Leopold fue llamado a filas y el café tuvo que cerrar; volvieron a abrirlo en 1945, en una ciudad en ruinas y ocupada. Desde entonces apenas lo tocaron. Es más joven que los cafés imperiales, pero se ha convertido en una institución tan vienesa como ellos.
En la posguerra se llenó de artistas sin dinero: pintores como Friedensreich Hundertwasser o Arik Brauer, poetas como H. C. Artmann, jóvenes que discutían de arte hasta la madrugada. Se cuenta que algunos pagaban con dibujos, y que muchas de las obras de las paredes llegaron así. En 1975 el cantautor Georg Danzer le dedicó una canción sobre un hombre desnudo que aparece en el Hawelka y al que nadie se atreve a decir nada, un retrato perfecto de la indiferencia educada del café vienés.
Pero el verdadero secreto eran los Buchteln. Josefine horneaba cada noche estos bollos de masa de levadura rellenos de mermelada de ciruela, que salían calientes del horno ya tarde, y los clientes esperaban ese momento como una ceremonia. Ella murió en 2005; Leopold siguió saludando a los clientes hasta cumplir cien años y murió en 2011. La familia sigue horneando los bollos con la receta de Josefine.
Aquí no busques silencio ni mesas libres. Siéntate donde te digan, acepta que alguien te pida el periódico y pide un Buchtel con un café. Ahora camina hacia el este, deja la catedral a tu derecha y busca la calle Wollzeile, donde se fríe desde 1905 un escalope más grande que el plato.