Puente del Real: Entrada Triunfal a la Ciudad
Why is it significant?
Párate frente a los majestuosos templetes de sillería labrada que custodian los pretiles centrales de este imponente viaducto renacentista.
Key Facts
| Place | Puente del Real: Entrada Triunfal a la Ciudad |
|---|---|
| Address | Plaça del Pont del Real, 46003 València, Spain |
| Geo Coordinates | 39.47640, -0.36880 |
| Part of Walk | El Jardín del Turia y los Puentes Históricos de Valencia: Del Gótico a Calatrava |
| Generated | Generated |
Párate frente a los majestuosos templetes de sillería labrada que custodian los pretiles centrales de este imponente viaducto renacentista. El Puente del Real fue concebido como el acceso monumental más prestigioso de Valencia, comunicando de forma directa la residencia de los monarcas en el Palacio Real con el recinto fortificado intramuros a través de la monumental Puerta del Real, derribada en 1865. Tras una devastadora avenida fluvial que pulverizó en 1517 la antigua estructura de madera, el arquitecto y maestro Joan Pasqual dirigió entre 1595 y 1598 la fábrica definitiva en sólida piedra de cantería, dotándola de diez arcos rebajados de portentosa factura.
Observa con detenimiento los dos fastuosos casalicios barrocos que coronan el puente, esculpidos en piedra caliza en 1603 para conmemorar los solemnes desposorios reales del monarca Felipe Tercero con la archiduquesa Margarita de Austria, celebrados con fasto inusitado en la catedral valenciana. En sus hornacinas veneradas se erigen las figuras de bulto redondo de San Vicente Ferrer, dominico y predicador universal, y San Vicente Mártir, protomártir hispano y patrón primordial de la ciudad desde época romana.
Durante cuatro siglos, todo personaje de la realeza, emisario papal o embajador extranjero que visitaba el Reino de Valencia debía desmontar de su cabalgadura sobre este puente para jurar solemnemente el respeto a los Fueros valencianos antes de cruzar la muralla. En 1877 la calzada superior fue ensanchada mediante elegantes ménsulas de hierro fundido para permitir el paso del flamante tranvía de sangre arrastrado por caballerías.
Toca con las manos las hendiduras semicirculares labradas en la piedra de la balaustrada: servían como refugios o descansillos de seguridad donde los viandantes a pie podían resguardarse del atropello de los carruajes de carga y carretas que cruzaban a gran velocidad sobre el empedrado.
Continúa el agradable descenso hacia el sudeste por los caminos del cauce ajardinado hasta vislumbrar la silueta blanca de la Peineta.