Museo Bourdelle: el taller del escultor del general Alvear

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Asómate al jardín: entre los árboles asoman figuras de bronce, guerreros, centauros, un arquero tensando el arco, y detrás unos talleres de ladrillo con grandes cristaleras. Parece un pueblecito de esculturas escondido entre edificios de viviendas.

Key Facts

PlaceMuseo Bourdelle: el taller del escultor del general Alvear
Address18 Rue Antoine Bourdelle, 75015 Paris, France
Geo Coordinates48.84330, 2.31860
Part of WalkMontparnasse de los años locos: escritores, pintores y latinoamericanos en París
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Asómate al jardín: entre los árboles asoman figuras de bronce, guerreros, centauros, un arquero tensando el arco, y detrás unos talleres de ladrillo con grandes cristaleras. Parece un pueblecito de esculturas escondido entre edificios de viviendas. Es el museo Bourdelle, y aquí todo está más o menos donde lo dejó su dueño.

Antoine Bourdelle, hijo de un ebanista de Montauban, llegó a este callejón en 1885 y no se marchó hasta su muerte, en 1929. Por entonces esto era un impasse lleno de talleres baratos. Durante años trabajó como ayudante de Rodin, tallando el mármol de sus obras, hasta que decidió que necesitaba escapar de su sombra y buscar su propio estilo, más sólido y arquitectónico.

Su gran golpe fue Heracles arquero, de 1909: un cuerpo tenso como una ballesta, con un pie apoyado en una roca. Hoy hay vaciados de ese arquero en museos de medio mundo. Y luego vinieron los encargos monumentales, incluidos los relieves del Teatro de los Campos Elíseos. Uno de esos monumentos cruzó el Atlántico: el del general argentino Carlos María de Alvear, en Buenos Aires, en el que Bourdelle trabajó durante años y que se inauguró en 1926. Si eres porteño, ya conoces a Bourdelle sin saberlo.

Bourdelle fue también un maestro generoso. Daba clases en la Academia de la Grande Chaumière, aquí mismo en Montparnasse, y entre sus alumnos estuvo un joven suizo llamado Alberto Giacometti, que más tarde estiraría sus figuras hasta dejarlas en un hilo. Todo el Montparnasse de los años veinte, pintores, escultores, poetas, era una gran academia sin paredes.

Después de su muerte, su viuda y su hija lucharon para que este lugar no desapareciera, y en 1949 lo abrieron como museo. La calle, que antes se llamaba impasse du Maine, lleva hoy su nombre. Vuelve a la avenue du Maine: al final te espera la gran torre negra que domina el barrio.

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