Greene Street: La Avenida Reina de las Catedrales de Hierro
Why is it significant?
Detén tus pasos a la altura del número setenta y dos de Greene Street y contempla a ambos lados de la calzada una sucesión ininterrumpida de fachadas monumentales de hierro fundido.
Key Facts
| Place | Greene Street: La Avenida Reina de las Catedrales de Hierro |
|---|---|
| Address | 72 Greene St, New York, NY 10012, USA |
| Geo Coordinates | 40.72330, -74.00070 |
| Part of Walk | Nueva York: Greenwich Village y SoHo Bohemio |
| Generated | Generated |
Detén tus pasos a la altura del número setenta y dos de Greene Street y contempla a ambos lados de la calzada una sucesión ininterrumpida de fachadas monumentales de hierro fundido. En apenas cinco cuadras, Greene Street alberga más de cincuenta edificios históricos de este material, lo que le ha valido el merecido título de la avenida reina de SoHo. Construidos principalmente entre 1869 y 1890, estos inmuebles representaron una prodigiosa síntesis entre opulencia estética decimonónica y funcionalidad fabril de bajo coste constructivo.
Observa la majestuosidad del número setenta y dos a setenta y seis de Greene Street, conocido como la Catedral de Hierro Fundido, erigido en 1873 por el genial arquitecto Isaac Duckworth. Su imponente frontón semicircular y sus cinco pisos de galerías corintias parecen tallados en mármol blanco impoluto, pero son enteramente de metal hueco atornillado a una estructura portante de ladrillo. El hierro fundido permitía vanos de ventanas gigantescos que inundaban los talleres textiles de luz natural sin necesidad de gruesos muros maestros de contención de mampostería.
A pocos pasos, en los números veintiocho a treinta de Greene Street, Duckworth construyó también el llamado Edificio Reina, creando un deslumbrante diálogo de estilo Segundo Imperio francés con mansardas de pizarra decoradas. Estas estructuras metálicas eran promocionadas en catálogos comerciales como incombustibles, aunque los bomberos descubrieron con amargura que el hierro al rojo vivo colapsaba de repente bajo el chorro de agua fría de las mangueras.
Si golpeas discretamente con una moneda o la llave en una de las columnas exteriores, escucharás el resonar metálico inconfundible del hierro hueco bajo la capa de pintura.
Dobla hacia el este por Spring Street hasta llegar a la esquina de Mercer Street para visitar el santuario donde Donald Judd revolucionó la relación entre arte y arquitectura.