Praça do Príncipe Real
Why is it significant?
Entra en el jardín de la Praça do Príncipe Real y ve directo al árbol que parece un paraguas gigante: un cedro de ramas extendidas en horizontal, sostenidas por una estructura de hierro, bajo cuya sombra caben decenas de personas.
Key Facts
| Place | Praça do Príncipe Real |
|---|---|
| Address | Praça do Príncipe Real, 1250 Lisboa, Portugal |
| Geo Coordinates | 38.71660, -9.14860 |
| Part of Walk | La Lisboa de Pessoa: Chiado y Bairro Alto, de la librería más antigua al gigante Adamastor |
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Entra en el jardín de la Praça do Príncipe Real y ve directo al árbol que parece un paraguas gigante: un cedro de ramas extendidas en horizontal, sostenidas por una estructura de hierro, bajo cuya sombra caben decenas de personas. Muchas tardes, los vecinos juegan a las cartas debajo, como si fuera un salón al aire libre.
El nombre oficial del jardín es Jardim França Borges, en honor de un periodista republicano de principios del siglo veinte, director del diario O Mundo. En Lisboa hasta los jardines llevan nombre de periodista. Y la plaza tiene una historia rara: durante décadas el lugar se conoció como la Patriarcal Queimada, porque allí ardió en el siglo dieciocho una gran iglesia que se estaba construyendo. Lo que hoy es un jardín elegante fue mucho tiempo un descampado de escombros.
Bajo tus pies hay un secreto: el Reservatório da Patriarcal, un depósito subterráneo de planta octogonal terminado en el siglo diecinueve, con columnas que lo hacen parecer una pequeña catedral inundada. Repartía el agua del acueducto de las Águas Livres por los barrios del centro, y hoy forma parte del Museo del Agua.
Príncipe Real es hoy uno de los corazones de la Lisboa gay, y eso tiene su eco literario. En 1922 Pessoa reeditó, en su pequeña editorial, las Canciones de António Botto, un poeta que escribía sin disimulo sobre el amor entre hombres. Estalló un escándalo: hubo campañas contra la que llamaban literatura de Sodoma, se requisaron libros, y Pessoa salió en defensa de Botto por escrito. Años después, bajo el Estado Novo, Botto perdió su empleo público y acabó emigrando a Brasil, donde murió en 1959.
Mira los palacetes que rodean la plaza, como el neoárabe de arcos de herradura, levantado en el siglo diecinueve por una familia enriquecida. Este barrio fue el capricho de la burguesía que buscaba aire limpio por encima de la ciudad. Ahora sal por el lado sur de la plaza y baja por la Rua de O Século, una calle larga y tranquila que desciende entre palacios.