Igreja de São Roque
Why is it significant?
Delante de ti, la Igreja de São Roque tiene una fachada tan austera que podría pasar por un almacén. No te fíes: los jesuitas sabían esconder sus tesoros, y detrás de esa puerta está uno de los interiores más ricos de toda Lisboa.
Key Facts
| Place | Igreja de São Roque |
|---|---|
| Address | Largo Trindade Coelho, 1200 Lisboa, Portugal |
| Geo Coordinates | 38.71360, -9.14340 |
| Part of Walk | La Lisboa de Pessoa: Chiado y Bairro Alto, de la librería más antigua al gigante Adamastor |
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Delante de ti, la Igreja de São Roque tiene una fachada tan austera que podría pasar por un almacén. No te fíes: los jesuitas sabían esconder sus tesoros, y detrás de esa puerta está uno de los interiores más ricos de toda Lisboa.
La iglesia se levantó en el siglo dieciséis para la Compañía de Jesús, recién llegada a Portugal, en el lugar de una ermita dedicada a San Roque, el santo al que se rezaba contra la peste. Cuando la tierra tembló en 1755, el edificio aguantó mucho mejor que casi todo el barrio, y por eso conserva lo que tantas iglesias perdieron. Si entras, levanta la vista hacia el techo de madera pintada y luego busca, en un lateral, la capilla de San Juan Bautista.
Esa capilla es un capricho del rey João V, al que el oro de Brasil convirtió en uno de los monarcas más ricos de Europa. La encargó en Roma en 1742: allí se construyó, allí la bendijo el papa, luego la desmontaron pieza a pieza y la mandaron por mar a Lisboa, donde volvieron a montarla. Lapislázuli, ágata, amatista, mármoles de colores... y los cuadros no son cuadros: acércate y verás que son mosaicos de piedrecitas diminutas.
Pero a un paseo literario le importa otra cosa. Esta era la casa de los jesuitas en Lisboa, la orden del padre António Vieira, misionero en Brasil, diplomático y predicador del siglo diecisiete. Defendió a los indígenas y a los judíos conversos, y la Inquisición llegó a encarcelarlo. Sus sermones están entre la mejor prosa jamás escrita en portugués, tanto que Fernando Pessoa, en su libro Mensagem, lo llamó emperador de la lengua portuguesa.
Al salir, fíjate en la estatua de bronce de un vendedor de lotería en la plaza: la Santa Casa da Misericórdia, dueña de la iglesia, gestiona desde hace mucho la lotería nacional, y los lisboetas le dedicaron un monumento al cauteleiro, el que vende los billetes. Ahora sigue hacia el norte por la Rua de São Pedro de Alcântara, apenas un par de minutos, hasta el mirador con jardín que se asoma al valle.