Campo das Cebolas

Why is it significant?

Sal a esta explanada abierta junto al río, con árboles, bancos y el Tajo brillando al fondo, y respira hondo. Su nombre, Campo das Cebolas, el campo de las cebollas, es todo un programa.

Key Facts

PlaceCampo das Cebolas
AddressCampo das Cebolas, 1100-134 Lisboa, Portugal
Geo Coordinates38.70880, -9.13190
Part of WalkLisboa a bocados: ginjinha, pasteles, bacalao y mercados
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Sal a esta explanada abierta junto al río, con árboles, bancos y el Tajo brillando al fondo, y respira hondo. Su nombre, Campo das Cebolas, el campo de las cebollas, es todo un programa. Durante siglos esto fue la Ribeira Velha, la vieja orilla donde se descargaba y se vendía lo que llegaba por el agua.

Aquí estaba uno de los grandes mercados de la Lisboa medieval y moderna. Las barcas cruzaban el río cargadas de verduras, frutas, cebollas y pescado de la otra orilla, y todo se vendía a gritos en la ribera. Imagina el ruido, el olor, las cestas, los animales... Nada que ver con la tranquilidad de hoy, cuando la plaza, reformada hace pocos años, esconde un aparcamiento bajo los pies.

Y ya que hablamos de pescado, toca hablar de las latas. Seguro que has visto en Lisboa tiendas con paredes enteras de latas de sardinas, caballa y atún, con etiquetas de colores que parecen carteles antiguos. La conserva en lata se inventó a principios del siglo XIX, y Portugal, con su costa atlántica llena de sardina, se convirtió en uno de sus grandes productores. Hubo fábricas en Setúbal, en Matosinhos, en el Algarve.

La Primera Guerra Mundial disparó la demanda: los ejércitos necesitaban comida que no se estropeara, y las conservas portuguesas viajaron a las trincheras. En las fábricas trabajaban sobre todo mujeres, que limpiaban y empacaban el pescado a mano, por turnos que dependían de la llegada de los barcos, a veces de noche. Con el tiempo muchas fábricas cerraron, pero la lata sobrevivió, y hoy vuelve a estar de moda como pequeño lujo.

Un consejo: una lata de sardinas en aceite, pan alentejano y un vaso de vino verde son una comida digna de reyes, y cabe en una mochila. Ahora pon rumbo al oeste, por la avenida que bordea el río, hacia la gran plaza de los arcos amarillos. En su esquina, bajo los soportales, te espera un café que tiene más de doscientos cuarenta años.

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