Churchill War Rooms
Why is it significant?
Mira hacia la modesta entrada de piedra que desciende bajo el edificio del Tesoro británico, aquí en Clive Steps.
Key Facts
| Place | Churchill War Rooms |
|---|---|
| Address | Clive Steps, King Charles Street, London SW1A 2AQ |
| Geo Coordinates | 51.50220, -0.12930 |
| Part of Walk | Misterios de Westminster: Reyes, Espías y Traición |
| Generated | Generated |
Mira hacia la modesta entrada de piedra que desciende bajo el edificio del Tesoro británico, aquí en Clive Steps. Bajo esta sobria escalinata de Whitehall se oculta uno de los refugios militares subterráneos más extraordinarios de la historia contemporánea: las salas de guerra secretas de Winston Churchill.
Excavadas en mil novecientos treinta y ocho y operativas desde agosto de mil novecientos treinta y nueve, apenas una semana antes de la invasión de Polonia, estas bóvedas se encontraban protegidas por una losa colosal de hormigón armado de tres metros de espesor conocida como La Placa. Durante el implacable Blitz de Londres, cuando la Luftwaffe alemana arrojaba miles de bombas incendiarias cada noche sobre la ciudad, Churchill y su gabinete se reunieron aquí en ciento quince ocasiones para dirigir el esfuerzo bélico aliado.
Cientos de secretarias, oficiales de mapas, telegrafistas y operadores telefónicos vivían y trabajaban en este laberinto sofocante sin ver la luz del sol durante semanas. Para mantener la moral alta, los médicos instalaron lámparas de rayos ultravioleta y los empleados inventaron un cartel meteorológico que indicaba si en la superficie llovía o brillaba el sol.
En uno de los pasillos más concurridos había un pequeño cubículo con un letrero que rezaba 'Inodoro privado del primer ministro'. Todos pensaban que Churchill disfrutaba de la comodidad de un baño exclusivo, pero la realidad era un secreto de estado. Tras esa puerta cerrada no había retrete alguno, sino una cabina insonorizada que albergaba el teléfono transatlántico directo con la Casa Blanca, codificado por la máquina SIGSALY de los laboratorios Bell, el primer dispositivo de cifrado de voz indescifrable del mundo.
Cuando Japón firmó su rendición en agosto de mil novecientos cuarenta y cinco, los oficiales simplemente apagaron los interruptores, cerraron las puertas con cerrojo y dejaron las salas congeladas en el tiempo, con terrones de azúcar racionados en los escritorios y calendarios marcando el último día de la contienda.