Trafalgar Square & Estatua ecuestre de Carlos I
Why is it significant?
Párate justo aquí, en la pequeña isleta al sur de Trafalgar Square, y levanta la mirada hacia esa estatua de bronce sobre su alto pedestal de piedra labrada. Estás contemplando al rey Carlos Primero a caballo, con la mirada fija hacia la ancha avenida de Whitehall.
Key Facts
| Place | Trafalgar Square & Estatua ecuestre de Carlos I |
|---|---|
| Address | Trafalgar Square, Charing Cross, London WC2N 5DN |
| Geo Coordinates | 51.50740, -0.12780 |
| Audio Duration | ~3 min |
| Part of Walk | Misterios de Westminster: Reyes, Espías y Traición |
| Generated | Generated |
Párate justo aquí, en la pequeña isleta al sur de Trafalgar Square, y levanta la mirada hacia esa estatua de bronce sobre su alto pedestal de piedra labrada. Estás contemplando al rey Carlos Primero a caballo, con la mirada fija hacia la ancha avenida de Whitehall. Esta figura fue moldeada en bronce en mil seiscientos treinta y tres por el escultor francés Hubert Le Sueur, pero la historia de cómo sobrevivió roza lo inverosímil. Durante la cruenta guerra civil inglesa, Carlos Primero fue derrotado por los parlamentarios puritanos de Oliver Cromwell, juzgado por traición y ejecutado públicamente en mil seiscientos cuarenta y nueve. Tras rodar la cabeza del monarca, el Parlamento republicano emitió una orden terminante: derribar esta estatua imperial y fundirla para fabricar cucharas, perdigones o cualquier objeto útil. La escultura fue vendida a un calderero de metales llamado John Rivett con la misión expresa de destruirla. ¿Cumplió Rivett con la orden oficial? En absoluto. Rivett era un hombre pragmático con un agudo olfato comercial: en lugar de arrojarla al fuego, cavó en secreto una fosa en el jardín de su casa de Holborn y enterró la colosal estatua intacta bajo tierra. Poco después, Rivett comenzó a vender cuchillos y pequeñas piezas de bronce diciendo que estaban hechas con el metal fundido de la escultura del rey mártir. Hizo una fortuna vendiendo recuerdos tanto a los parlamentarios, que buscaban trofeos de la victoria, como a los partidarios monárquicos, que atesoraban reliquias clandestinas de su soberano. Once años más tarde, con la restauración monárquica de mil seiscientos sesenta, el hijo del rey decapitado subió al trono como Carlos Segundo. Rivett desenterró la estatua intacta y la vendió a la corona por una sustanciosa ganancia. En mil seiscientos setenta y cinco fue colocada justo aquí, en el emplazamiento original de la histórica cruz de Charing Cross. Este punto exacto es el kilómetro cero legal de Londres: cada carretera del país que indica la distancia hacia la capital británica mide sus millas hasta este pedestal. Y si te fijas hacia dónde mira el rey, sus ojos de bronce apuntan eternamente hacia el palacio donde perdió la cabeza.