Výtoň: la aduana de los almadieros

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Delante de ti hay una casita baja, con tejado alto y paredes gruesas, encajada entre el muelle, las vías del tranvía y el puente del ferrocarril. Parece perdida, como si se hubiera equivocado de siglo. Y en cierto modo es así: es lo único que queda de un barrio entero.

Key Facts

PlaceVýtoň: la aduana de los almadieros
AddressRašínovo nábřeží 412, 128 00 Praha 2-Vyšehrad, Czechia
Geo Coordinates50.06780, 14.41550
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Delante de ti hay una casita baja, con tejado alto y paredes gruesas, encajada entre el muelle, las vías del tranvía y el puente del ferrocarril. Parece perdida, como si se hubiera equivocado de siglo. Y en cierto modo es así: es lo único que queda de un barrio entero.

Esta es la Výtoň, la antigua aduana de Podskalí, con partes que se remontan al siglo XVI. Podskalí significa algo así como bajo la roca, y era el barrio de los almadieros, los hombres que bajaban por el Moldava enormes balsas de troncos desde los bosques del sur de Bohemia. Aquí se pagaba el impuesto sobre la madera, y ese impuesto se llamaba precisamente výtoň. La casa se quedó con el nombre del dinero.

Imagínate la orilla hace ciento cincuenta años: balsas atracadas, montañas de leña, carros, tabernas, gritos, hombres con botas altas y pértigas larguísimas que conocían cada remolino del río. Los almadieros de Podskalí tenían fama de duros, de bebedores y de cantar mejor que nadie. Praga se calentaba y se construía con la madera que ellos traían.

A principios del siglo XX la ciudad decidió domar el río. Se levantaron estos muelles altos de piedra, se regularizó el cauce y el viejo barrio de casas bajas fue demolido casi por completo. Solo sobrevivió la aduana, que hoy alberga un pequeño museo dedicado a Podskalí. Y cuando el Moldava crece, como en las grandes inundaciones de 2002, recuerda a todos que esta orilla fue suya antes que de nadie.

Mira ahora el puente del ferrocarril, de hierro, a tu lado. Por debajo pasa el tranvía, por encima los trenes, y junto a sus pies esta casa de cuatro siglos aguanta, terca, como una vieja almadiera. Sigue hacia el sur por el muelle, hacia la roca. Al pie del acantilado te esperan unas casas que parecen talladas en cristal.

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