Santa Maria Incoronata: las iglesias gemelas de Corso Garibaldi

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Al final de Corso Garibaldi, fíjate en esta fachada extraña: no es una iglesia, son dos, idénticas y pegadas, con dos portales y dos rosetones, como dos hermanos que se dan el brazo. Es Santa Maria Incoronata, y no hay nada parecido en todo Milán.

Key Facts

PlaceSanta Maria Incoronata: las iglesias gemelas de Corso Garibaldi
AddressCorso Giuseppe Garibaldi 116, 20121 Milano MI, Italy
Geo Coordinates45.47940, 9.18660
Part of WalkBrera, el barrio del arte de Milán: Mantegna, Hayez y los canales de Marte
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Al final de Corso Garibaldi, fíjate en esta fachada extraña: no es una iglesia, son dos, idénticas y pegadas, con dos portales y dos rosetones, como dos hermanos que se dan el brazo. Es Santa Maria Incoronata, y no hay nada parecido en todo Milán.

La primera iglesia se levantó a mediados del siglo XV, en tiempos de Francesco Sforza, el condotiero que se convirtió en duque de Milán. Pocos años después se construyó la segunda, gemela, a su lado. La tradición dice que las dos iglesias representan el matrimonio de Francesco y su esposa, Bianca Maria Visconti, la heredera de la familia que había gobernado la ciudad. Un matrimonio de poder, convertido en ladrillo.

Dentro, las dos naves se comunican por arcos, como si fueran una sola casa con dos habitaciones. Los frailes agustinos tuvieron aquí su convento, y sus salas todavía guardan una biblioteca con frescos del Renacimiento, una de las bibliotecas monásticas más antiguas de la ciudad.

Y mira la calle por la que has llegado. Corso Garibaldi era la antigua salida hacia Como, la Porta Comasina, que tras la unificación de Italia pasó a llamarse Porta Garibaldi. Durante siglos fue un barrio de artesanos, posadas y gente humilde, de patios con barandillas compartidas. Hoy es una calle de terrazas y aperitivos, pero si levantas la vista aún verás las viejas casas de balcones corridos.

Has recorrido Brera de punta a punta: de la casa de un novelista que escribió sobre el Milán español a un Napoleón desnudo, de los canales imaginarios de Marte a un Arlequín inmortal, de un Mozart adolescente al Réquiem de Verdi. En este barrio, el arte nunca estuvo encerrado en los museos: estaba en la calle, en los bares, en las redacciones y en las iglesias. Siéntate en una terraza del Corso, pide un aperitivo y deja que Brera te siga hablando un rato más.

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