Cine Doré: el Palacio de las Pipas
Why is it significant?
Y ahí lo tienes: una fachada modernista, blanca y curvada, con guirnaldas, molduras y el nombre del cine bien visible, encajada en una calle estrecha junto al mercado de Antón Martín. Parece una caja de bombones... y en cierto modo lo es.
Key Facts
| Place | Cine Doré: el Palacio de las Pipas |
|---|---|
| Address | Calle de Santa Isabel 3, 28012 Madrid, Spain |
| Geo Coordinates | 40.41180, -3.69910 |
| Part of Walk | Cocido, Rastro y vermut: La Latina y Lavapiés, el Madrid castizo que se come |
| Generated | Generated |
Y ahí lo tienes: una fachada modernista, blanca y curvada, con guirnaldas, molduras y el nombre del cine bien visible, encajada en una calle estrecha junto al mercado de Antón Martín. Parece una caja de bombones... y en cierto modo lo es.
El Doré abrió en 1912 como cine de barrio, cuando el cinematógrafo todavía era una novedad de feria. La fachada que ves es de 1923, obra del arquitecto Críspulo Moro Cabeza, y además del salón tenía una terraza al aire libre para las noches de verano. Las sesiones eran dobles, las entradas baratas y el público, el de la calle.
Los vecinos lo bautizaron enseguida como el Palacio de las Pipas. La gente llenaba la sala con su cucurucho de pipas de girasol y no paraba de comer en toda la película, y al terminar la función el suelo crujía bajo los pies como una playa de cáscaras . Pocas cosas hay más madrileñas que una tarde de cine con un puñado de pipas.
Como tantos cines de barrio, el Doré entró en decadencia y cerró en los años sesenta. Estuvo a punto de desaparecer, pero el Ayuntamiento lo compró en 1982 y, tras una larga restauración, reabrió en 1989 como sede de la Filmoteca Española. Hoy proyecta clásicos, ciclos de autor y copias restauradas, y Pedro Almodóvar lo convirtió en escenario de una escena de Hable con ella, en 2002, como homenaje a las salas de toda la vida.
Aquí termina el paseo. Empezaste en la calle de los arrieros y el cocido, pasaste por el pozo de San Isidro, la cúpula de la sopa boba, el rastro del matadero, las cigarreras y el vermut de Argumosa, y acabas en el palacio de las pipas. Este Madrid se cuenta mejor con la boca llena. Y si después de tanta historia te ha entrado hambre, el mercado de Antón Martín está justo al lado.