Milán Secreto: El Duomo de Mármol, Castillo Sforzesco y los Canales de Leonardo
Un viaje por la capital de Lombardía—desde las terrazas góticas de Candoglia hasta la fortaleza de los Sforza y los canales de los Navigli
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1. El Duomo de Milán: El Bosque de Mármol Blanco de Candoglia
Piazza del Duomo, 20122 Milano MI
Párate en el centro de la amplia Piazza del Duomo y alza la cabeza hacia el deslumbrante bosque de piedra de la Catedral de Milán. Revestida enteramente de mármol blanco con vetas rosas extraído de las canteras de Candoglia junto al lago Mayor, esta descomunal basílica gótica tardó casi seis siglos en completarse, desde que el señor de Milán Gian Galeazzo Visconti colocó la primera piedra en mil trescientos ochenta y seis hasta los últimos retoques en mil novecientos sesenta y cinco.
La catedral está erizada por ciento treinta y cinco esbeltas agujas góticas y más de tres mil cuatrocientas esculturas talladas en piedra. Si subes la mirada a la aguja más alta, a ciento ocho metros de altura, brilla la Madonnina: una estatua de cobre dorado de cuatro metros que custodia a la ciudad y que por ley milanesa ninguna torre moderna podía superar en altitud.
Para transportar los colosales bloques de mármol desde los Alpes hasta el centro de Milán, se construyó una red de canales navegables; las barcazas que llevaban la piedra del templo llevaban pintadas las letras AUF (Ad Usum Fabricae), lo que las eximía de pagar peajes aduaneros, origen de la expresión italiana a ufo: ¡gratis!
Cruza el pavimento hacia las monumentales arcadas de cristal de la Galería Vittorio Emanuele Segundo.
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2. Galería Vittorio Emanuele II: El Salón de Milán y el Toro de la Suerte
Piazza del Duomo, 20123 Milano MI
Entra bajo el arco triunfal de piedra de la Galleria Vittorio Emanuele Segundo y mira hacia arriba a la espectacular cúpula octogonal de hierro y cristal que flota a cuarenta y siete metros sobre el suelo. Diseñada por el arquitecto Giuseppe Mengoni e inaugurada en mil ochocientos sesenta y siete por el primer rey de Italia unificada, esta galería es el corazón indiscutible del lujo, la moda y la alta sociedad milanesa.
Acércate al centro del cruce octogonal y mira al suelo de mosaico: verás el escudo de la ciudad de Turín que representa a un toro brioso. La tradición popular milanesa exige que apoyes el talón de tu pie derecho sobre los genitales del toro y des tres giros completos sobre ti mismo sin perder el equilibrio; se dice que este ritual trae fortuna inmediata y garantiza el regreso a Milán.
La víspera de la inauguración oficial de la fachada en diciembre de mil ochocientos setenta y siete, el arquitecto Giuseppe Mengoni cayó trágicamente al vacío desde lo alto de los andamios de la cúpula, muriendo en el acto en su propia obra maestra.
Sal por el extremo norte de la galería hacia la Piazza della Scala.
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3. Teatro alla Scala: El Templo Mundial de la Ópera
Piazza della Scala, 20121 Milano MI
Párate en la Piazza della Scala ante la austera fachada neoclásica del Teatro alla Scala, mientras la estatua de mármol blanco de Leonardo da Vinci en el centro de la plaza vigila pensativo el teatro. Erigido en mil setecientos setenta y ocho por orden de la emperatriz María Teresa de Austria tras el incendio del antiguo Teatro Regio Ducale, La Scala es el templo absoluto de la ópera lírica en todo el planeta.
La sobriedad de su fachada exterior contrasta brutalmente con el lujo de su sala en forma de herradura, tapizada en terciopelo rojo y estuco dorado, con cuatro órdenes de palcos y dos galerías altas iluminadas por una araña de cristal de Bohemia de casi cuatrocientas bombillas. Aquí se estrenaron hitos inmortales de la música como Nabucco y Otello de Giuseppe Verdi, y Madama Butterfly y Turandot de Giacomo Puccini.
El público de La Scala es célebremente implacable: los espectadores del gallinero o loggione son los más exigentes del mundo lírico, capaces de ovacionar durante veinte minutos a María Callas o abuchear sin piedad a los tenores más cotizados si desafinan una sola nota.
Avanza hacia el noroeste por Via Dante hacia las torres de ladrillo del Castillo Sforzesco.
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4. Castillo Sforzesco: El Baluarte de los Duques de Milán
Piazza Castello, 20121 Milano MI
Párate ante el foso seco frente a la Torre del Filarete, la monumental torre de entrada de setenta metros que da acceso al Castillo Sforzesco. Construida en mil cuatrocientos cincuenta por el duque Francesco Sforza sobre las ruinas de una fortaleza viscontea, esta gigantesca estructura cuadrangular de ladrillo rojo fue una de las ciudadelas militares más formidables de toda Europa.
Durante el gobierno de Ludovico el Moro a finales del siglo quince, el castillo se transformó en una de las cortes renacentistas más refinadas y lujosas. Leonardo da Vinci residió aquí durante casi dos décadas como ingeniero ducal y pintor de corte, decorando la célebre Sala delle Asse con un fresco trampantojo de ramas entrelazadas de moreras que simulan un bosque dentro de las bóvedas del castillo.
En las salas del museo del castillo se custodia la sobrecogedora Piedad Rondanini, la última y conmovedora escultura inacabada en la que Miguel Ángel Buonarroti trabajó con sus propias manos hasta pocos días antes de morir en Roma a los ochenta y ocho años.
Traspasa los patios interiores del castillo y sal a los verdes senderos del Parco Sempione.
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5. Parco Sempione y el Arco de la Paz: El Sueño Napoleónico
Piazza Sempione, 20154 Milano MI
Cruza los puentes de madera sobre los estanques y camina por las praderas de césped de estilo paisajístico inglés del Parco Sempione. Diseñado en mil ochocientos noventa y tres por Emilio Alemagna sobre la antigua plaza de armas militar del castillo, este parque de cuarenta y siete hectáreas es el gran pulmón verde del Milán monumental.
Al fondo del eje visual se alza el majestuoso Arco de la Paz, un colosal arco triunfal neoclásico tallado en mármol blanco de Baveno y coronado por una cuadriga de bronce con seis caballos al galope. Napoleón Bonaparte ordenó su construcción en mil ochocientos seis para celebrar sus victorias militares a lo largo del Camino del Simplón que conectaba Milán con París.
Tras la caída del Imperio Napoleónico, el emperador Francisco Primero de Austria continuó las obras pero le cambió el significado: lo rebautizó como Arco de la Paz para conmemorar el Congreso de Viena de mil ochocientos quince y giró los caballos de bronce hacia París para simbolizar la derrota francesa.
Dirígete hacia el sur por las callejuelas empedradas de Corso Magenta hacia la Basílica de Santa Maria delle Grazie.
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6. Santa Maria delle Grazie: La Sagrada Cena de Leonardo
Piazza di Santa Maria delle Grazie, 20123 Milano MI
Detente ante la armoniosa fachada de ladrillo rojo y la soberbia tribuna cilíndrica de Santa Maria delle Grazie, proyectada a finales del siglo quince por el arquitecto Donato Bramante para servir de mausoleo a la familia ducal de Ludovico el Moro.
En la pared norte del refectorio del convento adyacente se conserva el mural más famoso de la historia del arte: La Última Cena de Leonardo da Vinci, pintada entre mil cuatrocientos noventa y cinco y mil cuatrocientos noventa y ocho. Leonardo no utilizó la técnica tradicional del fresco sobre yeso húmedo, sino una mezcla experimental de témpera y óleo sobre yeso seco para poder pintar con lentitud y detalle, lo que provocó que la pintura comenzara a deteriorarse en vida del propio maestro.
En agosto de mil novecientos cuarenta y tres, una bomba aliada destruyó por completo el techo y dos paredes del refectorio; el muro de La Última Cena se salvó milagrosamente gracias a que los monjes lo habían protegido con sacos de arena y vigas de madera.
Desciende hacia el sur hacia las aguas y tabernas del barrio de los Navigli.
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7. Los Navigli y la Dársena: Los Canales Secretos de Milán
Ripa di Porta Ticinese, 20143 Milano MI
Pisa los adoquines junto al agua en la Ripa di Porta Ticinese y contempla los pintorescos reflejos de las casas de barandilla amarillas en el canal del Naviglio Grande. Aunque muchos viajeros imaginan a Milán como una metrópoli de asfalto y rascacielos, durante siglos fue una ciudad acuática conectada al mar y a los lagos por una intrincada red de canales navegables.
A finales del siglo quince, Ludovico el Moro encargó a Leonardo da Vinci el diseño y perfeccionamiento del sistema hidráulico de compuertas de los Navigli. Leonardo inventó la esclusa de inglete con portezuelas batientes, un mecanismo revolucionario que permitía a las barcazas remontar desniveles de agua con facilidad, cuyos dibujos originales se conservan en el famoso Códice Atlántico.
En la Dársena confluían barcos cargados de sal, carbón, trigo y mármol. Hoy, los antiguos talleres de lavanderas como el pintoresco Vicolo dei Lavandai y los muelles se han transformado en el animado corazón del aperitivo milanés, donde los locales disfrutan de un negroni o spritz al atardecer.
Siéntate en una terraza junto al agua mientras las luces se encienden sobre el canal. Has descubierto el Milán de los duques, genios y orillas secretas.